Mal cuerpo

AROUSA

AREOSO | O |

25 ene 2007 . Actualizado a las 06:00 h.

LA REDACCIÓN se sobrecogía ayer cada vez que mi compañera Susana Luaña levantaba el teléfono para saber el estado de salud de Rubén, el niño de O Grove que resultó herido el martes en ese tremendo y fatídico accidente de tráfico ocurrido en Poio. Allí fallecieron ese mismo día su madre Teresa y su hermana Sara de seis años y él salió mal parado, aunque no se temía por su vida. Pero todo es susceptible de empeorar y el miércoles por la noche pasó a ese terrible limbo de incertidumbre que es el «estado crítico». A la hora de escribir esta líneas Rubén aguantaba y ojalá que hoy, cuando lea el periódico por la mañana, pueda seguir con el corazón en un puño porque será la menos mala de las noticias. Lo siento lector pero hoy la columna va en este tono. El de la tristeza y si quieren, también, el de las obviedades -al fin y al cabo, como tantas otras-. Eso de que la vida tiene estas injusticias, que la carretera es una trampa mortal y que estamos aquí cuatro días. Lo que todos ya sabemos pero que tenemos más presente cuando la desgracia toca de cerca y toma los tintes trágicos como es el caso de esta familia de O Grove. Con este panorama no le queda a una el cuerpo ni para ocurrencias, ni para meterse con la sanidad pública o el alcalde de turno. No, hoy -por ayer- es de esos días que sólo cabe estar agradecido y mirar el lado positivo de las cosas. Porque en el Sergas faltan pediatras y para que te miren un bulto en el ojo tienes una lista de espera de un año, pero salvan vidas cada día haciendo gala de eficiencia y profesionalidad. Y sobre esos políticos que tanto denostamos, no olvidemos que están ahí gracias a que pudimos elegirlos y para representar un sistema democrático por el que murió mucha gente en este país y por el que siguen suspirando en muchos lugares del planeta. Son dos ejemplos. Quizá sólo excusas para alegrarse de estar viva y sana.