La ría huele a guerra

Rosa Estévez
Rosa Estévez VILAGARCÍA

AROUSA

MARTINA MISER

Reportaje | Marejada en las cofradías La popularidad de Carmen Gallego está bajo mínimos. En Arousa, los patrones mayores se han rebelado contra su gabinete, al que acusan de actuar de forma descoordinada y torpe

13 ene 2007 . Actualizado a las 06:00 h.

?a Consellería de Pesca y las cofradías de la ría de Arousa están a punto de divorciarse. Tras largos meses de frialdad, los patrones mayores han decidido romper la normalidad aparente y dar un ultimátum a la Xunta: o en Santiago alguien presta oídos a lo que tienen que decir, o en la ría estallará la guerra. Un ejército de 5.000 personas está dispuesto, dicen los responsables de las cofradías, a plantar cara a una Administración por la que se sienten olvidados. La Xunta, por el momento, no ha querido contestar a los reproches lanzados por los patrones mayores arousanos. Ni en los medios de comunicación, ni en la reunión urgente solicitada por las cofradías de la ría para intentar limar asperezas: días después de que la solicitud de entrevista fuese remitida a Santiago, desde la capital gallega no ha llegado siquiera un acuse de recibo. Si las cosas siguen así el martes, cuando los patrones mayores se vuelvan a reunir, la temperatura ambiental podría haber subido enteros en Arousa. «Esto é un desastre. Todo é un desastre», sentencia el patrón mayor de Cambados, una de las cabezas visibles de la rebelión de las cofradías. Y en ese todo incluye la vigilancia de la ría. Una vigilancia que «non existe», según los patrones arousanos. Los datos oficiales Pesca no está de acuerdo con esa apreciación. Según los datos facilitados por la Xunta, el control del furtivismo cuenta en la ría con dos unidades operativas, la de Vilaxoán y la de Ribeira. A la primera, dicen, están adscritas 18 personas, tres embarcaciones y cinco vehículos. A la segunda, 19 trabajadores, tres lanchas y siete coches. Además, el Paio Gómez Charino y los busques Irmáns García Nodal y Sebastián de O Campo, se turnan «para realizar labores de control dentro da ría». «A consellería non minte, día a verdade, hai todas esas lanchas. Pero non salen ao mar, así que é coma se non existiran». Habla el patrón mayor de A Illa, Benigno Chaves. Que salgan, que se vean, que se pongan a trabajar es, precisamente, lo que reclaman los responsables de los pósitos arousanos. «Os únicos que se ven de cando en vez son os barcos grandes. Pero eses andan só polo canal, e os furtivos non están aí», argumenta. Pero fuera del canal, el furtivismo y otras prácticas poco ortodoxas se están extendiendo entre el sector. Hay quien asegura que el viejo arte del can, de negra memoria por su terrible capacidad de destrucción de los fondos, ha vuelto a la ría, amparado en el manto de la noche y en la falta de vigilantes. Hay también quien afirma que «este ano quen non deixou a nasa no mar todo o tempo que quixo foi porque non lle deu a gana». Y quien sostiene que los furtivos empiezan a encararse con las mariscadoras -ha habido casos de agresiones en Vilaxoán y Vilanova- porque se sienten totalmente impunes. «Estamos volvendo aos modos e aos problemas dos anos setenta», concluye el patrón mayor de Cambados, Benito González. Semejante panorama demuestra, dicen los patrones mayores, que el sistema de vigilancia de Pesca no funciona. Y si no funciona no sirve, y si no sirve, hay que cambiarlo. Por ello quieren sentarse a hablar con la Xunta «e que nos escoiten». De esa forma «poderanse tomar medidas, e ir todos xuntos a solucionar o problema».