ENTRE LÍNEAS | O |

10 ene 2007 . Actualizado a las 06:00 h.

EL OTRO día una amiga mía fue a una consulta de traumatología en el Hospital do Salnés. Entró, se sentó frente al médico y le dijo lo que le pasaba: un dolor en la cadera. El galeno cortó su explicación y le espetó que no tenía nada. Antes de que la paciente terminará su exposición. Antes de ver el informe del médico de familia. Antes de explorar a la enferma y antes de ver las radiografías. Cuando cumplió cada uno de estos pasos mantuvo su diagnóstico, pero mi amiga ya no le creyó ni una palabra y se quedó igual de intranquila y fastidiada que antes de la consulta. No le echo la culpa al traumatólogo, sino a quien le obliga a despachar a los clientes como a ganado vacuno. A quien no le permite tomarse su tiempo con cada uno de ellos, como nos merecemos los usuarios. Un país en el que cada vez que hay vacaciones las urgencias se saturan y los enfermos quedan almacenados por los pasillos no es serio. Un país en el que faltan médicos y los que hay están mal pagados no puede decir que es un Estado de Bienestar. xurxo.melchor@lavoz.es