Reportaje | Carro Otero lamenta el mal estado de Adro Vello En 1968, un desprendimiento desveló la existencia de un tesoro en O Carreiro. Casi 30 años después, otro movimiento de tierras evidencia el abandono del yacimiento
13 dic 2006 . Actualizado a las 06:00 h.UN PROYECTO. Hace unos años, Carro Otero compareció ante la corporación de O Grove para intentar convecerlos de la viabilidad de construir un museo de sitio en el lugar que ocupa el yacimiento. ?orría el año 1968 cuando el mundo de la arqueología puso por vez primera sus ojos en la playa de O Carreiro, en O Grove. Aquella prospección iniciática se realizó porque a oídos de los expertos habían llegado «noticias de hallazgos ocasionales de teja y huesos humanos» en ese arenal de la parroquia de San Vicente. «Así fue como empezó todo», dice el profesor Carro Otero, el hombre que decidió seguir las pistas encontradas sobre la arena. Casi 30 años después de que Adro Vello empezase a asomar, en O Carreiro han vuelto a aparecer huesos. Un desprendimiento de tierras ha dejado al descubierto fragmentos óseos procedentes del pasado. «Es algo lógico. Estamos hablando de una necrópolis, y lo que está claro es que si hay movimientos fuertes de agua y ésta socaba la arena, los restos de los enterramientos van a salir a la luz», dice el hombre que más y mejor conoce el yacimiento. «Estos días ha habido fuertes temporales, y un movimiento de mar fuerte ha podido ocasionar el desprendimiento», sentencia. Y recuerda que fueron esos fuertes movimientos de mar los que ocasionaron, en el siglo XVIII, el traslado de la iglesia parroquial de San Vicente, que hasta entonces se levantaba en medio de la necrópolis. Los enterramientos y la villa romana que existía bajo estos, quedaron atrás. Y pronto fueron olvidados. A golpe de pico y pala, Carro Otero empezó a atisbar la importancia de su hallazgo. Buscó financiación para seguir excavando, venció las inclemencias del tiempo y plantó cara a los expoliadores. Pero llegó un momento en el que las excavaciones cesaron. Adro Vello había iniciado otra vez el camino hacia el olvido. Y ni siquiera los esfuerzos del médico pudieron esta vez evitarlo. «Yo hice todo lo que pude. Incluso presenté un proyecto perfectamente viable para hacer un museo de sitio: una intervención muy blanda, con pasarelas para que la gente pudiese atravesar la necrópolis y ver los esqueletos en las distintas posiciones de enterramiento. Y un edificio sencillo, para tener todo el material a cubierto. Pero no se me hizo caso». En la voz del profesor hay un eco de amargura. «¿Cómo no me va a doler ver en qué estado se encuentra el yacimiento?», se pregunta. Falta de interés Y es que el yacimiento ha estado, durante demasiado tiempo, sumido en el más profundo de los olvidos. Si ha sido así es, entre otras cosas, «porque en O Grove no ha habido un interés real por él». Algo que no entiende, ya que los restos arqueológicos que se encuentran bajo la duna podrían ser un gran reclamo turístico. «Recuerdo que, cuando estábamos excavando, muchas personas se acercaban y nos interrogaban sobre qué era aquello. A veces hasta nos agobiaban», sentencia el profesor. Por eso, está convencido de que un museo funcionaría y serviría para completar la oferta turística de un municipio que, si bien es rico en paisajes, playa y gastronomía, anda un tanto escaso de atractivos culturales y patrimoniales.