Análisis | Polémica fantasma en Vilagarcía La pregunta corre como un reguero de pólvora. ¿Alguien abrió el pantano aquel fatídico lunes? La respuesta es sencilla: no, porque no existen puertas que abrir
04 dic 2006 . Actualizado a las 06:00 h.?n plena confusión post traumática, las informaciones se cruzan sin cesar. Algunas tienen una base sólida, otras constituyen deformaciones que crecen como bolas de nieve en su recorrido de boca a boca, unas pocas ganan el favor del público hasta convertirse en auténticas leyendas urbanas. He aquí una de ellas. Desde que el río de O Con inundó el centro de Vilagarcía, una pregunta domina las conversaciones: ¿Alguien decidió abrir las compuertas del embalse de Castroagudín y contribuyó, así, a que la corriente se desbocase? La cuestión no es baladí, puesto que hay quien calcula ya que podría imputarse la responsabilidad sobre lo sucedido a la Administración competente, lo cual influiría sin duda en la forma en la que se resarcirían los daños. Algo así interesaría sobremanera a las compañías aseguradoras, sin ir más lejos. La cuestión no es, por tanto, baladí, pero sí carece de sentido. ¿Por qué? Sencillamente, porque el embalse de Vilagarcía no tiene compuertas. Es imposible, por lo tanto, que alguien las abriese. De hecho, vaciar el pantano de Castroagudín en un abrir y cerrar de ojos sería, si alguien se lo propusiese, una tarea complicada. La de Castroagudín es una presa de dimensiones y capacidad moderadas, 300.000 metros cúbicos que ni de lejos constituyen la principal fuente de abastecimiento de agua potable de la capital arousana. Por algo Vilagarcía busca una segunda captación en el Ulla, que complete la existente en el Umia y permita mantener el embalse de O Con como preciosa reserva. Su estructura consta, fundamentalmente, de dos muros de contención, orientados hacia el sur y el oeste. En este último, en su parte superior, se abre un aliviadero por el que discurre el agua siempre que el nivel del pantano es lo suficientemente elevado. Se trata de una medida de seguridad básica. Dispone, por lo demás, de una conducción de desagüe. Y entre el uno y la otra componen el caudal que cada día cruza el casco urbano. Pero, de compuertas, ni rastro. ¿Quiere decir eso que no hay forma de influir en el volumen de agua que parte de Castroagudín? No, al contrario. Funciona desde que la instalación fue inaugurada, a comienzos de los años sesenta, un sistema rudimentario, una serie de tablas que dejan mayor o menor espacio al aliviadero, según se coloquen más o menos piezas. Eso es todo. ¿Cómo se originó, entonces, la leyenda urbana sobre las compuertas? Sencillo. Constatando que la copiosa lluvia estaba acumulando en el aliviadero restos vegetales calcinados por los incendios del verano hasta atascarlo, el personal de la Estación Hidrobiolóxica de Castroagudín se puso en contacto con la empresa concesionaria del abastecimiento de agua en Vilagarcía, Espina y Delfín. Su recomendación era intentar liberar la salida del líquido elemento, levantando alguno de los tablones de cierre. La medida respondía a la pura lógica, puesto que la corriente que cae a través de él dispone de un cauce por el que discurrir, mientras que si su nivel superase el del muro, rebasándolo, el agua caería sin control alguno, por todas partes, provocando un efecto devastador. Eso fue lo que ocurrió. Cuando la concesionaria intentó evitarlo, era imposible. ?El temporal estaba encima, y la presión del agua era enorme. El embalse se desbordó, pero no porque nadie abriese nada, sino por las demenciales lluvias y el atasco.