AREOSO | O |
10 nov 2006 . Actualizado a las 06:00 h.UN RECIENTE informe de la ONU, que incide en lo que todos ya sabemos, que según pasa el tiempo los ricos son cada vez más ricos y los pobres, cada vez más pobres, dice que las 500 personas más ricas del mundo ganan, en conjunto, más que los 416 millones de personas más pobres. O sea, que si todos los que vivimos en mi edificio fuéramos los ricos, resulta que todos juntos acumularíamos más dinero que el que hay, por poner un ejemplo claro, en toda África, que debe andar por los 500 millones de habitantes, si las muertes por las guerras y el sida se equilibran en la balanza con el cada vez más elevado número de nacimientos. A mí esas cifras que da la ONU me parecen insultantes, o un pecado, si lo prefieren. Pornográficas, incluso. Pongan ustedes el adjetivo más atroz que se les ocurra y le quedará bien al dato. Las imágenes de los niños de África desnudos y desnutridos ya dejaron de hacernos daño, por recurrentes. Y también las de los cadáveres en esos países en los que se nace para morir bajo las balas, aunque hace unos días salía en este periódico una fotografía de una madre muerta con sus hijos en el regazo que todavía consiguió atormentarme. Por eso, al menos a mí, ahora me estremecen más las del otro lado, la de Paris Hilton, una muñeca tonta que lo único que hizo en esta vida fue nacer del útero de la mujer de un millonario, paseando a un perro en miniatura que no lleva consigo porque le gusten los animales, sino para llenarlo de complementos, porque tiene tantos y puede comprar tantos más, que no le llega su menudo cuerpo para lucirlos y necesita de accesorios donde colocar más artículos de marca. Y eso es el perro, un accesorio. Y es tan frustrante pensar que lo que lleva el chucho de Paris encima podría alimentar a varios niños en África... 500 ricos frente a 416 millones de pobres. ¡Qué barbaridad!