Crónica | Un mes de polémica en Vilagarcía por la potabilidad ¿Creemos en las instituciones o hay motivo para desconfiar? Ese es el dilema al que se enfrentan los vilagarcianos a la hora de cocer la verdura o lavarse los dientes
21 oct 2006 . Actualizado a las 07:00 h.En el plazo de un mes, hasta en tres ocasiones tuvo el alcalde de Vilagarcía, Javier Gago, que dar explicaciones públicas sobre el estado del agua de la traída. Lo hizo ante la prensa, pues en el pleno de septiembre eludió el debate sobre la cuestión a pesar de la petición planteada por el PP. Quizá entonces creyó que la polémica se acabaría ahí, pero la guerra política sobre la potabilidad del agua de la traída se arrastra todavía hasta hoy. El miércoles se vivió el último episodio y la cosa apunta continuidad. En cuanto a las condiciones del agua, parece que lo peor ha pasado -en Caldas ya han declarado la potabilidad del agua y los parámetros en Vilagarcía son cada vez mejores- pero el PP y Esquerda Unida no van a cejar en su empeño de encontrar explicaciones a lo que consideran que fue una actuación negligente del gobierno local en este asunto. Sus quejas son muchas pero, básicamente, se resumen en dos. Que Gago no dio toda la información que debiera sobre el estado del agua y que el sistema de control, en lo que se refiere a las analíticas, no fue todo lo riguroso que se esperaba. El alcalde se defiende y, en su línea, a cada puyazo de la oposición contesta con solvencia. En primer lugar sostiene que no es al Concello a quien hay que pedir explicaciones pues la salubridad del agua es una competencia de la Consellería de Sanidad. No obstante, deja claro que él no tiene absolutamente ninguna duda y defiende a pies juntillas el trabajo de la consellería y de la empresa concesionaria del servicio en Vilagarcía, Espina y Delfín. «Yo creo en las instituciones ¿por qué no voy a creer lo que me dice ahora la consellería?», se preguntaba estos días. Fajardo tiene una respuesta. «También desde las instituciones nos contaron en el Prestige lo de los hilillos de plastilina y no nos lo creímos». Su grupo fue el primero en poner en tela de juicio la salubridad del agua el día 17 de septiembre, y el primero en hablar de presencia da algas -luego se comprobó que el 11 de octubre los índices de microcistina eran superiores a los límites recomendables- lo cual le costó duros ataques, incluso de su propio entorno político. Cuestión de salud Juan Fajardo hizo una apuesta arriesgada y cree que los acontecimientos le han dado la razón, aunque, matiza, no se alegra por ello. Efectivamente los parámetros de amonio, aluminio, color o turbidez arrojaron valores por encima de los límites establecidos por el Real Decreto 104/2003 y se confirmó la presencia de algas. Pero la pregunta es: ¿ha supuesto esto un riesgo para la salud de los vilagarcianos? Desde el Concello responden tajantemente que no, y no porque lo digan ellos, que al fin y al cabo no son expertos en la materia, sino porque el agua llega avalada por la autoridad sanitaria: no es la mejor de las posibles, pero es bebible, argumentan. Y si bien es cierto que se exceden los parámetros fijados por el Real Decreto esto no significa que no se pueda consumir ya que se mantiene dentro de los límites establecidos por el reglamento (SINAC) que ampara las situaciones excepcionales. Y cuando se supo que hubo algas que podrían ser tóxicas, el día 13 de octubre, Gago fue más papista que el Papa y no dudó ni un momento en repartir bandos avisando a la población de que no consumieran del grifo, aunque la alarma se desinfló pocas horas después al conocer el contraanálisis. Como quiera que la cuestión da para tirar del hilo, Fajardo se sigue haciendo preguntas. ¿Qué pasó con la microcistina antes de los análisis del día 11, la hubo o no la hubo? Aunque si de interperlar se trata, es el PP el que se lleva la palma. Tomás Fole presentó el miércoles por registro una veintena de preguntas -a las que esa misma tarde se apresuró a contestar Gago vía rueda de prensa- por las que cuestiona la fiabilidad de los análisis ya que hay parámetros que «desaparecen», afirma. Esta ha sido la dinámica en el último mes. La oposición acusa y el gobierno local se defiende, y todos actúan bajo la máxima de la «responsabilidad», aunque cada cual la ve desde su prisma. Por responsabilidad Gago acusa a Fole y Fajardo de tratar de sacar tajada política y los aludidos creen que de no haber sido por sus críticas los vecinos no habrían llegado a saber que estaban bebiendo más aluminio del deseable. La ciudadanía tiene derecho a la información, claman desde la oposición. Y el PSOE insiste: no hay nada que ocultar y no se ha ocultado nada. Lo único indiscutible es que desde el accidente de Brenntag la traída no es la que era. Después del 9 de septiembre, cuando se recuperó el suministro del Umia, el agua presentaba un fuerte olor y gran turbidez, lo cual hizo que muchos, pese a ser declarada potable, se pasaran a la mineral. El agua del grifo ya no huele y mana más clara pero, tras los visto en Caldas y la fugaz aparición de la microcistina, muchos siguen recurriendo a la botella para hacer el cocido y lavarse los dientes. El miedo es libre.