Varas de medir

AROUSA

AREOSO | O |

19 oct 2006 . Actualizado a las 07:00 h.

SI HAY una localidad arousana que sepa de turismo es O Grove. Los mecos llevan años labrándose su fama de buen destino vacacional, y su oferta para los visitantes está a años luz de la de cualquier municipio de la zona sur de la ría. En O Grove hay hoteles para todos los bolsillos, una amplia carta de restaurantes, boyantes empresas de barcos de paseo y visión submarina, un acuario pionero en Galicia, y hasta una novedosa empresa decidida a aprovechar las indudables potencialidades turísticas de la pesca y el marisqueo. Es cierto que la naturaleza ha sido amable con O Grove. Le ha regalado paisajes deliciosos y playas envidiables. Pero también es cierto que esa ha sido la única ayuda que ese municipio ha tenido para convertirse en lo que es. Desde hace años, demasiados años, las administraciones mayores han tenido olvidado al pueblo del Siradella. Sin un abogado de peso que defendiese sus intereses en Santiago -el letrado Cuíña ejerció en el turno de oficio y mandó ejecutar alguna que otra obra a su imagen y semejanza- los mecos se han quedado a la intemperie, azotados por una vara de medir que nunca les beneficia. Esa vara se usó durante los años de mandato popular. Y parece que el bipartito la va a seguir utilizando. Para muestra, la Festa do Marisco. Durante el imperio Fraga, las ayudas que recibió esta celebración fueron escuálidas, sobre todo si se comparan con la vecina celebración del Albariño. Mientras sobre Cambados llovían los millones para promocionar un producto -el vino- en pleno mes de agosto, sobre el octubre grovense y sobre el marisco sólo caía calderilla. Ahora, en la era del cambio, las cantidades con las que la Xunta apoya la fiesta son aún más escuálidas -así lo asegura el alcalde y debe de ser cierto, porque nadie lo desmiente-. Menos mal que a O Grove le queda su gente.