AREOSO | O |
06 sep 2006 . Actualizado a las 07:00 h.EN LA CONFERENCIA del pasado lunes sobre la Universidad, Josep Piqué tiró la piedra y escondió la mano. El ex ministro contó cuál había sido su experiencia en la vida de las ideas. Su trayectoria política estuvo marcada por el tiempo y las circunstancias. En su juventud se afilió al Partido Comunista, y más tarde se hizo con el carné de los populares. De esta forma, dio consistencia a la frase que dice que: «No ser comunista de joven es no tener corazón y ser comunista de adulto es no tener razón». Sin embargo, no todos piensan de la misma forma y hay quien cree en viejas utopías. Dos palabras fueron las protagonistas del debate, igualdad y libertad. El político identificó ésta última con las sociedades liberales y la contrapuso al socialismo. Habló de una época pasada donde ser comunista o socialista significaba que el Estado intervenía en muchos ámbitos de la vida, y por lo tanto, no había tanta libertad. Habló de liberalismo como una forma de liberalizar el suelo, o mejor dicho, de privatizarlo. El debate se levantó entre los alumnos, quienes no se quedaron callados. Los mejores expedientes de Galicia alzaron sus voces para decir que libertad e igualdad no son términos contradictorios. La libertad es fundamental para que las personas puedan elegir el qué, el cómo y el cuándo. Sin libertad no hay educación y sin educación, no hay nada. La defensa de la igualdad de oportunidades no es antagónica al respaldo de la libertad. Si se quiere una sociedad más justa habrá que establecer todo en su justa medida, ni la libertad debe convertirse en libertinaje, ni la igualdad en una forma de control. Como decía Eduardo Galeano: «Ella está en el horizonte, me acerco dos pasos, ella se aleja dos pasos. Camino diez pasos más allá y por mucho que camine, nunca la alcanzaré ¿Para qué sirve la utopía? Para eso sirve. Para caminar».