Por fin, el cielo rompió a llover

María Abalo VILAGARCÍA

AROUSA

En directo | Desde la zona húmeda La fiesta se vivió con más ingenio y la misma intensidad que en otros años en Vilagarcía, pero en esta edición descendió el número de asistentes

16 ago 2006 . Actualizado a las 07:00 h.

Existen dos citas señaladas que se viven de forma especial en la capital arousana: el día de fin de año y la Festa da Auga. Este año, la edición de San Roque iba a ser distinta por las circunstancias que se vivieron en las últimas semanas con el tema de los incendios en Vilagarcía. De hecho, los organizadores habían decidido prescindir de los chorros de los camiones de emergencias para no agotar las reservas de agua. En los últimos días, muchos fueron los que no cesaron de mirar al cielo y esperar a que cayese una mísera gota de lluvia, pero el calor no cesó cuando ardía Galicia. Ayer llegó San Roque y con él cayó la gota fría. Una lluvia intermitente bañó la capital arousana a partir de la madrugada. Esta circunstancia hizo que muchos jóvenes cambiasen sus planes a última hora, y en lugar de organizar encuentros al aire libre, se planearon reuniones bajo carpas y soportales. Cada pandilla lucía diferentes camisetas de todos los colores: verdes, negras, amarillas o rojas, con pañuelos o gorros, indistintamente. En sus lemas no faltó referencia al fuego como Lume nunca máis . La noche prometía y los bares de la zona Méndez Núñez estaban abarrotados. La gente salía de una garito y se metía en otro para bailar pachangueo o soltarse la melena con la música de los años sesenta. Ayer fue una noche para saludar a viejos amigos y conocer nuevas caras. Los jóvenes consumían las últimas horas de la madrugada ya en la explanada TIR. Allí, las pistolas de agua empezaron a lanzar los primeros chorros. La lluvia no dio tregua. El cielo, cubierto por una espesa masa de nubes, auguraba un San Roque pasado por agua. Hubo quién sintió pereza y prefirió calmar los excesos de la noche llenando el estómago en algún garito de la zona. Otros, prefirieron resguardarse del frío bajo unos soportales esperando al mediodía. Pandillas guasonas preguntaban por las calles dónde era la Festa da Auga mientras caía un chaparrón. En torno a las once y media, hubo quien decidió retirarse a dormir ante la intermitente lluvia. El santo salió con unos minutos de antelación de la iglesia parroquial. El habitual recorrido, que en otros años se hacía lento y torpe, se realizó en pocos minutos. El pregonero Ramiro Carregal lanzó su discurso y expresó su repulsa ante la oleada de incendios. Después de agradecer a los voluntarios su ayuda, empezó la Festa da Auga. En la Baldosa, todo estaba preparado desde bien temprano. Las pruebas de sonido dejaron bien claro que la lluvia no sería un motivo por el que suspender la fiesta. La gente, como si se tratase de un ejército de hormigas, fue llegando a cuentagotas con muchas ganas de marcha. Hacía tiempo que no se veían tantos calderos en la calle. Todas las camisetas secas que entraron en la zona húmeda corrieron el peligro de recibir un buen calderazo. La música comenzó a sonar con los tambores de varios grupos. El maestro de la fiesta daba indicaciones, mientras el grupo lo seguía. La masa bajaba hasta rozar el suelo lentamente y luego subía sin freno con el repiqueteo de los bombos. Los jóvenes tenían ganas de fiesta. Y ayer la hubo. La Baldosa se partió en dos. A un lado, y cerca del Xentes, se escuchaba el oé oé de los que corean sus propias canciones; al otro lado, los amantes de la música disco bailaban cerca de Casa Roman. En la zona cero había una piscina de plástico. No hubo tanta gente como otros años, pero reinó el ingenio entre los asistentes. No faltaron los disfraces de súper héroes y de bañistas antiguos. También hubo quien se sacó toda la ropa y se quedó en cueros. Días antes, en la capital arousana se vivió la guerra del fuego, pero ayer se vivió la del agua. Eso se notó en los diferentes modelos de artillería: pistolas de agua con doble chorro, metralletas de diseño y revólveres lanza-agua. La gente se volcó, se mojó y remojó. Quizás este año se vivió con más intensidad. La canción Amigos para siempre desató la euforia. Viejas reliquias como El show de Xuxa hicieron que muchos no parasen de mover el esqueleto. Incluso se llegó a ver una cadena de tren humana al ritmo de «al compás del chacachá, del chacachá del tren». Ayer, la el agua que caía del cielo se confundió con el agua de los cubos, porque como decía el viejo lema de San Roque: Auga que non has de beber, déixaa correr. Un año más.