Mascarillas para la resistencia

María Abalo VILAGARCÍA

AROUSA

CASTELEIRO

Reportaje | Las armas de los voluntarios Las imágenes que ha dejado la lucha contra el fuego se parecen a las del «Prestige». Como con el chapapote, respirar se ha convertido en una actividad de riesgo

10 ago 2006 . Actualizado a las 07:00 h.

?n tiempo de paz, las mascarillas se utilizan para que las mamás acatarradas no transmitan gérmenes mientras dan de mamar a sus bebés, o para que los trabajadores del campo puedan protegerse de los agentes nocivos del sulfato. Pero en tiempo de guerra, las mascarillas se convierten en un elemento imprescindible de protección, en un símbolo de la resistencia. Ocurrió con el Prestige hace cuatro años y ocurre ahora con la oleada de incendios. Durante los dos días de máxima alerta que se vivieron en Vilagarcía contra el fuego, muchos de los voluntarios salían de sus casas con lo primero que encontraban. En un principio, las camisetas mojadas servían como filtro de protección contra las cantidades ingentes de dióxido de carbono que desprendían los árboles quemados. Otros se tapaban la nariz y la boca con pañuelos. Pero poco a poco, la improvisación fue dando paso a la organización civil. Y, entonces, reaparecieron las mascarillas. En las farmacias En Bamio el fuego pegó duro. Tan duro, que las mascarillas se agotaron el primer día. «No se venden nunca y durante estos días la venta fue del 100%», explica una auxiliar de una de las farmacias que existen en la parroquia. En otro de esos establecimientos vendieron veinte cajas en tres días. Esta farmacia consiguió despachar un récord de 150 unidades. «Pensé que habría mayor demanda de inhaladores, pero las mascarillas se agotaron y tuvimos que pedirlas a Pontevedra», comentaba otra botica de la capital arousana. De vuelta al fuego, muchos fueron los vecinos que repartían protectores entre los voluntarios. Sin embargo, defenderse del humo no fue el único contratiempo contra el que se tuvo que luchar. El espesor de la pestilente nube y el ambiente cargado dañó muchos ojos. En las farmacias vilagarcianas, otro de los productos buscados fue el colirio. Pero a muchos no les llegaban un par de gotas para sofocar el ardor de sus ojos: necesitaban antibióticos, de los que también se ha despachado una cantidad importante. Los antialérgicos y los antiasmáticos fueron otros de los preparados que aumentaron las ventas en las boticas. «Hay muchas personas que sufren problemas de pulmones», señaló una auxiliar de una farmacia cercana a Rubiáns. En la retina El problema más grave, y que no tiene fácil solución, es el miedo y la angustia que sufrió parte de la población. El que más y el que menos contribuyó a sofocar los rescoldos. Hay imágenes que muchos no podrán olvidar en la vida. Y eso no hay fármaco que lo alivie. La única cura que existe es el olvido y son muchos los que todavía tienen fresco el recuerdo.