Lágrimas

MARÍA REY

AROUSA

AREOSO | O |

02 ago 2006 . Actualizado a las 07:00 h.

ESTOS días han corrido muchas lágrimas por O Grove. La culpa la tienen Antón Mascato, Xan Caneda, Avelino Ochoa y muchos otros. Ellos son los que se han puesto a rebuscar en el baúl de los recuerdos de sus vecinos, y los que se han empeñado en sacar a la luz los dramas que muchos grovenses vivieron a consecuencia del levantamiento fascista de 1936. No contentos con hurgar en el pasado, estos días pasados han organizado en O Grove actos de homenaje a todas aquellas víctimas de la represión. ¿Y qué han conseguido? Que corriesen muchas lágrimas. Que, públicamente, muchas familias pudiesen llorar por hombres que fueron fusilados, paseados o encarcelados sin motivo, sacudiéndose la vergüenza social que durante muchos años mantuvo aprisionada su pena. Que muchos nietos hayan descubierto el orgullo que se escondía en su apellido y hayan empezado a ver con otros ojos su propia historia. Los actos celebrados en O Grove han conmovido, también, el espíritu de todos aquellos que se acercaban por primera vez al tétrico terreno de la represión franquista. A los fríos calabozos de la prisión del Fuerte de San Cristóbal y a las largas noches en la isla de San Simón. A las sentencias injustas e injustificables. A los paseos bajo la luz de una luna teñida de sangre. A la brutalidad y al miedo que asoló Galicia, esa tierra en la que no hubo guerra: hubo genocidio. A los que han organizado estos actos no queda más que darles las gracias. Por el tiempo que han invertido en elaborar su programa de actos, por el mimo con el que han desarrollado cada homenaje, por el cariño con el que han tratado a todos los familiares de los muertos. Pero a los organizadores de todo esto hay que darles las gracias, sobre todo, por habernos hecho llorar. Por haber oficiado un funeral de honores para quienes habían sido condenados al olvido.