ENTRE LÍNEAS
24 jul 2006 . Actualizado a las 07:00 h.CUANDO era niño, el Sol no quemaba. Horas y horas jugando en la playa o en la piscina sin una gota de crema protectora sobre mi piel y nunca me pelé. Luego vino lo del agujero en la capa de ozono y la cosa ha cambiado a peor. De un tiempo a esta parte, el Sol quema. Todo aquel que, como yo, se resiste al uso de cremas protectoras, sucumbe ante los rayos del buen Lorenzo. Ya sé que hay que echarse la cremita, pero es que es la mar de incómodo. No me gusta estar grasiento y que se me pegue la arena por todas partes hasta parecer una croqueta. Si el Sol, que es la fuente de la vida, ya no es un astro benigno sino abrasador y causante de quemazones y males peores como el cáncer es que las cosas no van nada bien. A este paso llegará un día en que no se pueda beber agua, ni bañarse en el mar. Evitarlo es cosa de todos.