ENTRE LÍNEAS
26 may 2006 . Actualizado a las 07:00 h.TENGO una extraña relación con la piscina de Fontecarmoa. Cuando era socio, casi no iba y a penas nadaba unos largos. Me pasaba la vida en el SPA. Adoro el hamman, lo confieso. Tras meses y meses pagando la cuota sin utilizar la piscina, decidí darme de baja. Me he ahorrado una pasta, pensé. Estaba equivocado. Hace un mes más o menos que voy todos los días a la piscina. Como no confiaba en mi fuerza de voluntad, decidí no hacerme socio y pagar la entrada cada día. Tres euros. Cuando esté seguro de que voy a venir, me hago socio, razoné. Y así me he gastado en menos de un mes más de cuarenta euros, que son casi dos meses de abono. Sin embargo, he hecho un buen negocio. Primero, porque he logrado vencer a mi lado vago y, segundo, porque ponerse una meta y cumplirla es lo más gratificante que puede hacer una persona.