AREOSO | O |
24 may 2006 . Actualizado a las 07:00 h.VERÁN como se ponga de moda el asunto. Con el carné por puntos a unos días de entrar en vigor se ve que la idea gana adeptos. La cosa va a pasar de ser un juego de niños a establecerse como modelo de conducta para los que no cumplan con lo mandado, y si no vean como se las gastan en una empresa de la comarca. El empleado de turno inicia su contrato laboral con tres puntos en su cartera y a cada fallo que cometa al hacer las cuentas o gestionar un pedido le es retirado un puntito. Cuando el casillero se quede en cero, adiós curro. El trabajo diario se convierte así en un examen continuo que no tiene opción de recuperación en septiembre. Bien sea por la eficiencia del personal o porque el empresario utiliza la premisa, sobre todo, como medida de presión, lo cierto es que de momento nadie se ha ido a la calle. Pero la espada de Damocles está ahí. El que peor lo lleva ya ha perdido un tanto, lo cual le invita a andarse con pies de plomo porque, al próximo error, el semáforo se pondrá en ámbar. Así que, mientras los gabinetes técnicos de recursos humanos de las compañías se rompen la sesera pergeñando novísimos y modernos sistemas para mejorar el rendimiento del personal (la sacrosanta productividad laboral) otros se complican menos la vida. La lógica empresarial es impecable: no rindes, no hay empleo. Total sobra quien ocupe tu puesto, aunque sea con un contrato de prácticas por siete horas al día y te obliguen a currar diez bajo amenaza de sacarte parte del sueldo o tengas que renunciar a ir al médico porque el jefe dice que el horario de oficina no se puede saltar bajo ningún concepto. ¿Convenios laborales, derechos de las trabajadores? Tonterías de los sindicatos, pensará alguno ¿Y el respeto a la dignidad de las personas? Aunque sólo sea por eso, hombre.