Reportaje
10 may 2006 . Actualizado a las 07:00 h.«Meca del comunismo provincial. Eso era O Grove en julio de 1936». Tal afirmación figura en el desquiciado libro, Galicia y el Movimiento Nacional, firmado en 1938 por Silva Ferreiro. La península meca, efectivamente, era un pueblo girado a la izquierda. Y se resistió a perder esa postura, protagonizando gestas que han quedado oscurecidas por el tiempo y el empeño. Algunas de ellas despuntan en el relato de Silva Ferreiro. Aunque sólo fuese para denostarlas, el autor cuenta dos anécdotas de los primeros días de guerra en tierras mecas. Narra, primero, como los grovenses -con su alcalde, Don Jacobo, a la cabeza- requisaron las armas del cuartel de la Guardia Civil y las enviaron a Pontevedra. Pero las patrullas que fueron enviadas con aquel paquete tuvieron que dar la vuelta en Combarro: la capital ya no era un lugar seguro. También tuvieron que regresar a tierras mecas los «160 camaradas que el Grove había facturado al Gobernador, en expedición motorizada compuesta de tres grandes ómnibus». Una tercera historia -de ella no habla Ferreiro, pero sí está extendida en O Grove- cuenta como, cuando el ejército nacional llegó a O Bao, se encontró con una muro humano que intentó detener su paso. «Todo eso hai que documentalo», cuenta Caneda. Todo eso, y lo ocurrido después del 25 de julio de 1936. El día que en que cayó O Grove.