Crónica | Juicio a la secretaria comarcal de la CIG Sin pruebas concluyentes y declaraciones cruzadas, la jueza dictaminará el viernes si Rosa Abuín queda absuelta o asume una falta por daños o coacciones
09 may 2006 . Actualizado a las 07:00 h.Todo ocurrió el viernes, a las ocho y media de la mañana, frente al taller de Fontanería Millán, en Vilagarcía. Punto. Aquí, sobre tan exigua base, se agotan las coincidencias entre los dos hermanos propietarios de la empresa y uno de sus empleados, que sustentan la denuncia contra Rosa Abuín, y la propia secretaria comarcal de la CIG y otros dos trabajadores participantes en el piquete, que defienden la inocencia de la sindicalista arousana. Suyos fueron los seis testimonios que ayer pudieron escucharse en la sala de vistas de las instalaciones judiciales de la ciudad. La primera versión la aportó el denunciante, Francisco Javier Millán. Asegura que cuando el piquete llegó a su empresa, él y su hermano se hallaban en el interior de la misma, y que pudieron comprobar cómo Abuín, «a la que conocía de vista, sacaba un objeto punzante y se lo metía a la rueda de la furgoneta estacionada delante». «El día anterior -añadió el empresario- nos habían amenazado con romper los vehículos, y el viernes los acabábamos de sacar del almacén». Rosa Abuín lo rebatió. No sólo negó portar objeto punzante alguno, aseguró, también, que los dos hermanos, lejos de encontrarse dentro de la empresa, llegaron a toda velocidad en dos automóviles. Bajando la ventanilla, el denunciante «díxome que ía romper o coche, dixo que eu ía ser a responsable de que as rodas estivesen pinchadas». Ruedas que la sindicalista ignora cuándo pudieron sufrir daños, si entonces o en un momento anterior. Cada uno de los dos testigos que asistieron a ambas partes refrendaron los respectivos relatos en disputa, si bien con ciertas diferencias que pueden tener su importancia. Así, el hermano del denunciante cifró en apenas «diez o doce personas» el número de trabajadores que componían el piquete, mientras que el resto de los testigos habló de una cifra muy superior. Como mínimo, del doble. La visibilidad a través de una persiana y una cortinilla, y las distintas apreciaciones sobre dónde estaban realmente estacionadas las furgonetas, o si sus ruedas estaban rajadas o no, son factores que alimentan la discusión. Sin embargo, al menos para el observador neófito, nada parece haber, en todo este asunto, de concluyente, más allá de las declaraciones cruzadas entre dos partes en litigio, y de la curiosa fórmula que, según el empleado de la fontanería, utilizó el piquete para intentar acceder al taller: «Abride que somos os panadeiros, traemos os croasáns». La resolución, el viernes, de manos de la jueza titular del juzgado número 1. La defensa pide la libre absolución. La acusación, 20 días de multa a razón de 15 euros diarios por una falta de daños y otra de coacciones, y 200 euros de indemnización. Y la fiscalía, para sorpresa de la CIG, una pena semejante por una falta de daños. Abuín no duda de que la denuncia persigue «criminalizar ás centrais».