AREOSO | O |
05 may 2006 . Actualizado a las 07:00 h.EL cinismo parece ser la única actitud aceptable en aquellos que residen (residimos) en la cara buena del mundo. Si eres cínico, presume de ello. Cínicamente puedes censurar a Morales por nacionalizar los hidrocarburos de Bolivia. ¡Va a subir el precio del gasóleo!, dicen. ¡Va a dañar los intereses de Repsol!, exclaman. ¿Qué va a pasar con nuestras empresas?, se preguntan. ¿A dónde va Morales aliándose con Chávez y con Castro?, interrogan con tono de saber la respuesta: no va a ningún lado. Los cínicos se autoproclaman antítesis de los progres (léase progres como corresponde: rojillos de pacotilla que hablan de la revolución desde la confortabilidad de su vida). Los definen como una clase de hippies que se oponen a todo pero que protestan cuando la cartera se les queda más vacía a la hora de llenar el depósito. Yo no me considero progre. De hecho, parafraseando a Carman, de South Park, odio a los hippies. Pero aún detesto más a los cínicos. Y por reacción ante ellos me he hecho manifiestamente evobolivariana. Porque el precio del petróleo ya estaba por las nubes antes de Morales, e iba a seguir subiendo y subiendo con o sin nacionalización (¿o no?). Porque a mí ninguna empresa petrolera me ha regalado nunca ni un litro de gasóleo, ni me ha hecho una rebaja en la bombona de butano. Porque no sé a dónde va el chico del jersey de rallas acompañado de Chávez y Castro, pero sí se hasta donde ha llegado Bolivia actuando de comparsa del primer mundo: a donde está. Envuelta en la pobreza más miserable. Lo dijo el Ché, don Ernesto: «No hay enemigo pequeño ni fuerza desdeñable, porque ya no hay pueblos aislados». Lo dijo hace mucho tiempo, y lamento tener que decir que se equivocaba. Siguió habiendo pueblos aislados. Y a los desdeñosos cínicos del primer mundo eso, al parecer, nos mola.