?uatro fueron los sindicalistas, vinculados a la CNT, que perecieron el 16 de febrero de 1937 en Loenzo. Rodrigo Berruete Alejandre, el Gitano ; Antonio Sallanes González; Pilar Fernández Seijo; y Manuel Limeres Ordóñez se refugiaron en una vivienda abandonada, después de haber intentado reunir, por última vez, a los diezmados supervivientes de la organización anarquista, tras una dura batida de los falangistas en torno a Xiabre. Una delación llevó hasta allí a un número indeterminado de fascistas -un testigo, que entonces tenía ocho años, cree que los asediadores eran medio millar- bien pertrechados de fusiles y ametralladoras. Así se iniciaron las ráfagas de disparos a las que respondieron los sitiados con apenas dos escopetas y tres revólveres. Lo rememora Nicolás Barcala, en un artículo con su testimonio directo, publicado en La Voz en 1998. Durante dos horas los mantuvieron a raya, hasta que la resistencia se hizo imposible. Los falangistas rociaron la vivienda con una lata de gasolina recién adquirida y le prendieron fuego. Los cuatro sindicalistas, al parecer, decidieron entonces quitarse la vida. Lo que sucedió a continuación constituye un descarnado episodio de bajeza. Cadáveres trasladados a la puerta del cementerio, escarnio carnavalesco, mofa despiadada hacia las viudas. La historia de un sepulturero hizo concebir, en el 2003, esperanzas de identificar sus tumbas. Fue sólo un sueño.