Análisis
11 abr 2006 . Actualizado a las 07:00 h.?pmega fue durante muchos años la organización mayoritaria del sector mejillonero. Todavía lo sigue siendo. Pero cada vez menos. La central que llegó a aglutinar casi dos mil bateas se quedará tras la marcha de Illa de Arousa con apenas 1.100. Amén de algunas bajas particulares, el último año se ha saldado con la expulsión de la principal organización de la central. Amegrove, con más de 300 bateas, vivió en el seno de Opmega un proceso en el que muchos han visto similitudes con el que acaba de cerrarse en A Illa. Esas coincidencias, sin embargo, no afectaron a la resolución final del conflicto. En el caso de la asociación grovense, la fórmula de la marcha fue la expulsión por parte de la central. Por el contrario, los isleños han decidido no aguardar ese desenlace y marcharse antes de que les echen. Tras Amegrove fue San Amaro la asociación que comenzó a tener problemas con la directiva de Javier Figueira. Finalmente, sus 70 bateas acabaron causando baja en la organización de productores. La salida de Illa de Arousa, con sus 188 bateas, deja muy debilitado a un gigante que cada vez pierde más su papel de referencia en el sector mejillonero. Aunque en todas esas salidas hubo enfrentamientos profundos con la directiva de Opmega, lo cierto es que para analizar el descalabro de la central no hay que despreciar otros factores que seguramente han tenido también su incidencia. Sobre todo el hecho de que dentro de Opmega existen asociaciones de características muy diferentes y, por lo tanto, con intereses muy distintos. Pero también la persistencia de unos estatutos que no han sido nunca renovados y que no están preparados para afrontar las nuevas realidades del sector, por ejemplo, las comercializadoras.