El patinazo sobre Lantero

La Voz

AROUSA

La cosa política

08 abr 2006 . Actualizado a las 07:00 h.

?ifícil vericueto en el que se ha introducido el Partido Popular de Vilagarcía por obra y gracia de una filtración incorrecta y apresurada sobre la supuesta renuncia de Lantero a su traslado al polígono de O Pousadoiro. El socialista Javier Gago no ha dudado en señalar al mismísimo presidente provincial del PP y máximo responsable de la Diputación de Pontevedra, Rafael Louzán , y, de su mano, también al portavoz y presidente local de la formación conservadora en la capital arousana, Tomás Fole . Y el de Gago López no es el único dedo acusador que apunta a la misma fuente, también los hay tanto en ámbitos institucionales como en las arenas política y empresarial. ¿Qué ha pasado en realidad? Para comprender la falaz polvareda desatada en Vilagarcía es preciso remontarse hasta el origen del proyecto de reubicación de la potente firma cartonera. Lantero, que en principio aspira a hacerse con 50.000 metros cuadrados en el nuevo parque empresarial, consigue una parcela final de 62.667 metros cuadrados. Otras dos compañías del mismo grupo, Tecnicartón y Cartogal, con sedes en Boiro y en Mos, solicitan y logran dos espacios colindantes, infinitamente más modestos, de aproximadamente 1.600 metros cuadrados cada uno. La idea era ubicar en ellos dos líneas muy especializadas. Sin embargo, el grupo Lantero decide, finalmente, que las dos parcelas secundarias son innecesarias. Así lo argumenta ante los responsables de Xestur Pontevedra, ofreciendo su renuncia al mismo precio de adjudicación. La sociedad autonómica podría penalizar a las dos empresas adjudicatarias y reclamarles hasta el 25% de ese montante. Pero, entendiendo que Lantero actúa de buena fe, Xestur acepta su reversión. Es más, incluso alaba la actitud demostrada por la compañía, que muy bien podría haber comprado ambas superficies y haberse abonado a la especulación pura y dura a largo plazo. Pero no lo hizo, y el departamento autonómico así se lo reconoce. Claro que, para que la renuncia se haga efectiva, la firma debe solicitarlo por escrito, y su petición ha de ser aprobada por el consejo de administración de Xestur Pontevedra. El organismo, efectivamente, lo refrenda. Hasta aquí, ningún problema. Lo preocupante llega cuando, días después, alguien filtra públicamente que Lantero descarta, no ya las dos parcelas mínimas, sino el traslado entero de la fábrica de Rosalía de Castro. El lío está montado. Los teléfonos echan humo y nadie entiende nada de nada. El consejo de Xestur Sucede que, entre los miembros del consejo de Xestur, está el presidente de la Diputación. Es en este punto donde Gago se detiene para asegurar, afirmando poseer información que no deja margen a la más mínima duda, que fue Louzán quien utilizó «parcialmente» esa información para intentar infringir un daño político al Concello y a la Xunta. De confirmarse, el patinazo sería de órdago. Para empezar, porque, con las cifras en la mano, el sentido común elimina cualquier sospecha de que la renuncia de Lantero se refiriese a la parcela central del polígono. Esas dos pequeñas superficies secundarias suman, en total, 3.200 metros cuadrados. Para hacerse una idea, el parque de Miguel Hernández mide unos 15.000 metros cuadrados. Conclusión: no llegarían a media merienda frente a las necesidades reales de espacio de la empresa cartonera. No sólo eso. La compra de los 62.000 metros cuadrados en los que sí se ubicará la nueva fábrica se certificó el 27 de enero, más de dos meses atrás, en Vilagarcía, con la firma de la correspondiente escritura, a la que entre otros asistieron el gerente de Xestur Pontevedra, Emiliano Quintillán , y el director xeral del Instituto Galego de Vivenda e Solo, organismo del que aquélla depende, Daniel Pino . La impresión de que la filtración fallida responde a una estrategia de ataque político se refuerza al comprobar que, un día después de saltar la liebre, coja, eso sí, Tomás Fole convoca una rueda de prensa para poner en tela de juicio el convenio urbanístico que Lantero alcanzó en su día con el Concello. Aquella comparecencia nunca tuvo lugar. Fue desconvocada tras constatar el presidente local del PP a última hora que, efectivamente, el supuesto rechazo de la empresa a su reubicación era tan falso como el beso de Judas. Las consecuencias de este desastroso proceso pueden ser muy duras para los intereses conservadores en la capital arousana, con las municipales a tiro de un año. «Escucharon campanas y no sabían dónde», apunta un empresario. Su imagen entre el que, en teoría es su electorado natural, el empresariado, amenaza con deteriorarse, al haber puesto al borde del enfrentamiento a la patronal y a la plantilla de una de las compañías más importantes de cuantas operan en la comarca, con un plantel que supera los 140 trabajadores. No hay que olvidar que, en mayo, Lantero vivió una traumática huelga de tres semanas. La idea del todo vale, que el alcalde les reprocha, acecha a los populares. Para colmo de males, de puertas adentro se abren viejas heridas. En concreto, aquélla contra la que ya peleaba en su tiempo Manuel Bouzas : la excesiva subordinación de la agrupación local con respecto a Pontevedra y la necesidad de reforzar su personalidad. Un factor que tampoco es ajeno a la reciente dimisión de tres concejales. Una simple llamada desde el PP a la empresa habría evitado todo lo demás. No se hizo, y eso sí tiene un precio.