ENTRE LÍNEAS
25 mar 2006 . Actualizado a las 06:00 h.CUANDO era niño, mi abuela me contaba que durante la Guerra Civil, en Madrid, no quedó ni un sólo pato y ni una paloma. Había mucha hambre y muy poco que llevarse a la boca. Me contaba que la gente, desesperada, hasta se comía las cáscaras de naranja y las algarrobas, que antes tan sólo se les daban a los burros. Debe de ser que, en la guerra, todos nos volvemos burros y por eso acabamos alimentándonos como ellos. Esta semana, la Policía Local de Vilagarcía sorprendió a dos cambadeses y a un vecino de Meaño robando patos en el río de O Con. El incidente me hizo recordar aquellas historias que me contaba mi abuela. Lo que pasa es que, hoy en día, sin guerra, este acto se vuelve del todo incomprensible. Hasta zafio. Pero no es sólo patos lo que se roba. Yo he visto hasta llevarse flores y plantas de los jardines. Muy cutre.