CON GOTAS | O |

13 mar 2006 . Actualizado a las 06:00 h.

SERÁ por aquello de la fame secular, que decía García Sabell, pero desde que el mundo es mundo, para un gallego, la comida es la medida de casi todas las cosas. El primer síntoma de que la Galicia de Don Manuel iba camino del desguace lo escenificaron los propios organizadores de las cuchipandas electorales del PPdeG, en plenas elecciones autonómicas. El patrón optó por medir el seguimiento de sus arengas por el número de raciones de empanada que era capaz de distribuir su cátering-metralleta. Craso error. En Silleda, pese a los miles de pedazos repartidos por doquier, los paisanos se quedaron con hambre y, claro está, comenzaron las dudas. «Se xa non son quen de enchernos o bandullo, mal asunto». Impecable razonamiento. La autoidentificación en torno al pulpo y a la empanada fue una de las banderas que, junto al ejército de gaiteiros, hicieron país durante más de tres lustros. Ahora, Touriño acaba de dinamitarla desde Buenos Aires. El menú que el presidente de la Xunta le ha servido a la siempre dispuesta diáspora argentina ha sepultado definitivamente la cocina de la gaviota en campaña. Donde antes había empanada ahora hay ensaladilla, donde ayer reinaba el pulpo hoy triunfa la pechuga de pollo. ¿Mande? Ensaladilla y pechuga de pollo, así, con aire de plato combinado. Esto colará divinamente en la otra orilla del Charco, azotada, al fin y al cabo, por hambrunas muy cercanas. Pero proponer tan desangelado bocado en el fogar de Breogán puede desembocar en una estampida desorejada de votantes hacia izquierda y derecha. Ya que en estas andamos, urge introducir en la negociación del nuevo Estatuto un menú pactado entre PSOE, PP y BNG, una serie de platillos oficiales para evitar éste y otros sofocos. ¿Qué tal unhas lasquiñas de xamón de porco celta sobre un leito de escume de pataca con xarope de manteiga, para empezar?