El rastro de vieira La toxina ha puesto en jaque a un sector que ha tenido que redefinirse Cambados conjuró a las mareas rojas en el 2002 con un sistema de comercialización pionero en Galicia
11 mar 2006 . Actualizado a las 06:00 h.En el año 1996, Cambados vivió una gran manifestación. Todo el pueblo se echó a la calle para solidarizarse con una flota, la de la vieira, que parecía condenada a muerte. Poco más de un centenar de embarcaciones y unos trescientos tripulantes corrían el riesgo de desaparecer a causa de la toxina. Diez años después, el peligro de la marea roja parece haber sido parcialmente conjurado. Unos sesenta barcos han sobrevivido a la fiebre roja, y con ellos unos doscientos trabajadores del mar. Hace un par de semanas, esos supervivientes de la purga del mar volvieron a dejar puerto armados con el rastro de vieira. Los niveles de toxicidad del marisco que se ha convertido en seña de identidad de Galicia permitieron, por fin, volver a extraerlo, desembarcarlo en puerto y procesarlo en las empresas que se dedican a eliminar todo resto de toxicidad. ¿Cómo lo hacen? Sometiendo a todas y cada una de las vieiras a una operación en la que se le elimina el hepatopáncreas, el reducto donde se hacen fuertes las células tóxicas. El proceso es costoso, por eso son sólo dos las empresas que se han adentrado por esa senda, inaugurada en el 2002. También por eso las capturas de la flota cambadesa, que ha apadrinado a barcos de otros puertos, están limitadas a los 25 kilos diarios por tripulante. Y por todas esas razones, la cofradía acaricia ya la posibilidad de dar el salto a la transformación y crear su propia planta de procesado. Hacerlo no será fácil: hay que tener los medios y, además, hay que crear las estructuras empresariales necesarias para que el pósito haga frente a tamaña aventura. Pero Benito González, el patrón mayor, considera que el sector debe arriesgarse para seguir vivo. Se han barajado muchas posibilidades, se han hecho muchos estudios, pero de momento la evisceración, un sistema importado de Canadá, es la única solución real a un problema capaz de apretar hasta casi ahogar al sector. Aunque, como la esperanza es lo último que se pierde, siguen haciéndose estudios. Y los expertos aseguran que aún hay posibilidades de abrir nuevas vías para facilitar la salida de la vieira a los mercados.