Mirando al cielo

AROUSA

AREOSO | O |

08 mar 2006 . Actualizado a las 06:00 h.

LLUEVE, lleva varios días lloviendo, así que mi ánimo está más bien tristón. Tiene que llover, debe llover, suerte que llueve me digo desde el raciocinio. De qué otro modo si no tendría garantizado el suministro abundante en el grifo y un país tan hermoso como éste. Además, la lluvia y el ambiente gris es un gran aliado para la melancolía -de la palabra me gusta hasta como suena- pero de esa tristeza vaga, profunda, sosegada y permanente (tal y como la define el diccionario) conviene no abusar. Como el vino, mejor a sorbitos, que las borracheras sientan mal. Llueve, aunque tampoco hace tanto que asomó el sol. Fue en febrero. Fueron días gélidos pero luminosos. De esos días en que el cielo de la ría es más diáfano que nunca y con un azul de postal. Dicen que el sol da alegría y ganas de vivir, que es bueno para el espíritu y para el cuerpo. Seguro. Días atrás leía en una de esas revistas de mujeres y para mujeres que una de las recetas básicas para sentirse guapa y tener salud es tomarse una dosis diaria de luz solar. Doce minutos son suficientes para darle a nuestro organismo la vitamina D que necesita. Ya ven, tanta cosmética y tanto gimnasio para que nos acaben contando que lo mejor es tomar el sol en la terraza, y sin gastar un duro. Aunque, bien mirado, quizá no sea tan asequible. Para empezar, el sol sólo está garantizado en Canarias. Segundo, hay que tener una terraza o a lo peor un balconcito con ancho suficiente para la silla y sin sombra, todo un privilegio en ciudad. Tercero, hay que disponer de tiempo, y para la mayoría -sobre todo si se es mujer y se trabaja fuera de casa- el único tiempo libre es el que se dedica al sueño. A todo esto, mi intención era escribir del Día de la Mujer Trabajadora que se celebró ayer. Pero es que de ese asunto ya está todo dicho, y la inspiración me cambió mirando al cielo.