Análisis
07 mar 2006 . Actualizado a las 06:00 h.?a presencia de Cefrico en el Puerto de Vilagarcía cumple una doble función. Por una parte, sustenta una línea de elaboración y enlatado en la que sesenta mujeres trabajan de forma estable, capaz de aportar casi doscientos salarios en el momento del año en el que la producción es mayor. Por otra parte, la actividad de frío y, por tanto, la recepción de productos congelados, especialmente de túnidos, constituye el proceso que un mayor valor añadido deja en los muelles y el grueso del salario que perciben los estibadores. El centro frigorífico ha cumplido con el primer ámbito. Pero, en el segundo, el gatillazo es de los grandes. Todos los sindicatos coinciden en que un tráfico de cuarenta mil toneladas, repartido convenientemente a lo largo del año, sería suficiente para garantizar a los estibadores una percepción económica digna. El colectivo, que dispone ya de un par de sentencias del TSXG a su favor, puede acceder a un subsidio con 140 jornales trabajados, y a una prestación a partir de las 220 jornadas en activo. La combinación de ambos capítulos, el sueldo y las ayudas, redondea unos 700 euros mensuales. Ninguna alegría, pero sí una cantidad con las que cada una de las setenta familias que dependen de esta actividad pueden ir capeando el temporal cada mes. Como la propia función de Cefrico, la dificultad de lograr esta marca es doble. Por una parte, se trata de alcanzar esta masa crítica de pesca congelada. Por otro, que, efectivamente, no se concentre demasiado en un período determinado del año. En cuanto al límite mínimo de 40.000 toneladas, el complejo consiguió rebasarlo en sus tres primeros años de funcionamiento. Desde el 2004, está por debajo.