CON GOTAS | O |
02 mar 2006 . Actualizado a las 06:00 h.ENTRE la justa reivindicación y la mala educación sin más debe mediar siempre una clara frontera, que en materia institucional jamás ha de traspasarse. Viene esto a cuento del ruxe ruxe que ayer se extendía como reguero de pólvora por media comarca acerca de la supuesta intención de algunos de los alcaldes populares de O Salnés de plantar hoy al presidente de la Xunta en el almuerzo convocado en A Illa. Yo, personalmente, confío en el buen juicio de las cabezas pensantes de la gaviota para que, si en algún momento se ha planteado algo así, eviten un desplante de semejante calado. Defender una batería de reivindicaciones, por más que muchas de ellas no hayan pasado del tibio ronroneo cuando era Don Manuel quien tenía mando en plaza, es perfectamente legítimo, casi una obligación para cualquier munícipe merecedor del cargo. Pasar de todo y dejar mangado al presidente de todos los gallegos en su primer desembarco oficial en Arousa constituiría, en cambio, un lamentable ejemplo de desidia y falta de convicción democrática. En el recreo, o en la plaza, los chavales de los setenta y los ochenta solíamos echar la pachanguita. Todo iba bien hasta que el dueño del balón se ponía tontito y, al ver que no podía ganar el partido, se aferraba a la pelota cual garrapata famenta. «Ya no juego y me voy a casa que el balón es mío». Así, con esta letanía, el repelente de turno mandaba la timba al garete y nos dejaba al resto con cara de póquer. Ahora que ha pasado el tiempo, el terreno de juego se ha convertido en un país entero. Y el esférico es un futuro cuyos dueños somos todos. A ver si nos vamos acostumbrando.