AREOSO | O |
13 feb 2006 . Actualizado a las 06:00 h.DIJO EL MINISTRO Alonso ayer en Pontevedra que el Gobierno no estaba dispuesto a permitir que España se convirtiese en refugio de las mafias del crimen organizado, como había ocurrido en otros países, y que para ello había que poner medios, porque tanto por su ubicación como por su clima, la Península resultaba muy atractiva para los delincuentes. Lo dijo en la presentación del Greco, ese cuerpo policial que nada tiene que ver con el arte y que llega a Galicia para reforzar la lucha contra el tráfico de drogas y sus consecuencias: jóvenes toxicómanos, secuestros o ajustes de cuentas. Galicia es la tercera comunidad en la que se crea este grupo específico, que ya opera con buenos resultados en la Costa del Sol y en Levante. Que a nuestros narcos de andar por casa se les dedique el mismo esfuerzo que a los mafiosos panzudos instalados en Marbella es un indicio de que el Gobierno se tomó en serio lo del tráfico de drogas y sus fatales consecuencias cuando se enquista en una sociedad. A partir de ahora los que se dedican a tan turbios negocios ya saben que hay treinta agentes más investigando en torno a su patrimonio, mirando con lupa sus cuentas bancarias y persiguiendo de forma sigilosa cada uno de sus pasos. Claro, que todo esto no sirve de mucho si sigue atascado el tema de los juzgados. Y no vale la excusa de que ya está la Audiencia Nacional para perseguir a los narcos, porque la mayoría de las madejas se desenredan a partir de una pequeña hebra que parte de la comarca. Y porque el problema no son sólo los barcos cargados con toneladas de coca, sino también los pequeños camellos que se la brindan a nuestros hijos. Sin querer entrar en la polémica de si la solución son los magistrados o el incremento de plantilla, la silla se queda coja si crece una pata y se queda corta la otra.