ENTRE LÍNEAS
09 feb 2006 . Actualizado a las 06:00 h.O GROVE es el resultado de una ecuación en la que las incógnitas son por qué no se ha hecho nada por frenar el desastre urbanístico y cómo el poder que se supone tiene la Administración jamás ha conseguido frenar el caos y el feísmo. La sentencia que condena a un constructor a tres años de cárcel por edificar a su libre albedrío y a otro más por desobedecer todas las órdenes de paralización que le fueron enviadas desde el Concello es como música para mis oídos. La ley dice que la única solución para este entuerto, además de entrullar al empresario, pasa por que una piqueta tire abajo las tres obras ilegales por las que Florencio Magdalena -que es como se llama el infractor- ha sido condenado. A los que cada ladrillo fuera de sitio nos desgarra las entrañas sólo nos queda esperar más sentencias como la de O Grove.