AREOSO | O |
08 feb 2006 . Actualizado a las 06:00 h.A LO LARGO de los últimos días hemos oído a los mejilloneros presumir e incluso arrogarse el mérito de haber salvado las rías del chapapote del Prestige . Hasta ahí, admisible. Reconozco, por supuesto, la labor de los marineros en su lucha contra el fuel. Reconozco que esta sociedad tiene una enorme deuda con ellos, pero una deuda moral. Pero lo que no me parece bien es que utilicen ese argumento para hacer victimismo y justificar sus movilizaciones. Si, efectivamente, ustedes creen ahora que el Prestige les ha perjudicado económicamente, que han vendido menos o a menor precio su producto como consecuencia de la catástrofe, justifíquenlo y pidan indemnizaciones por ello. Están en su derecho. Pero no queda bonito que hagan causa de su trabajo por salvar las rías. Porque, en efecto, ustedes estaban ahí. Pero junto a ustedes estaban miles de mariscadores, médicos, profesores, amas de casa,... En los muelles hubo auténticos batallones de gente trabajando. Sin su colaboración, la tarea de los bateeiros hubiese sido inútil. En las playas, miles de voluntarios llegados de todos los rincones del mundo pasaron meses limpiando el chapapote hasta devolver a las playas su color habitual. No he visto a ninguno de estos colectivos pedir indemnizaciones. Ni siquiera les he oído hacer alarde de sus hazañas. Ellos no viven del mar. Muchos ni siquiera tienen la oportunidad de disfrutar de él. Pero creían que tenían que ayudar y lo hicieron. Insisto en que reconozco todo su esfuerzo durante aquellos días. Mis ojos los vieron trabajar, sufrir e incluso llorar en esas jornadas de diciembre que ni ustedes ni yo olvidaremos nunca. Por eso me molesta que enturbien ahora el hermoso movimiento cívico que las circunstancias generaron durante aquellos días.