El palomar Ya sólo le faltan tres años para igualar la marca de Erundina. Andrea Tarrío cumplió ayer un siglo más uno y ocupa por derecho propio el puesto de «la abuela de Valga»
07 feb 2006 . Actualizado a las 06:00 h.Allí nació y allí ha visto pasar su larga vida. Hija del capataz que trabajó en las obras del tren, conoció muy de cerca al abuelo de Camilo José Cela , y al propio Cela. Casó con Celestino Barreiro y su prole se nutre de tres hijos -uno de ellos ya fallecido- cinco nietos, cinco bisnietos y otro que está de camino. Ayer celebró su 101 cumpleaños desde su casa de la aldea de Eiras. No se montó el fiestón que hubo cuando cumplió el siglo, ya se sabe que las cifras redondas son más espectaculares. Tanto que aquel 7 de febrero retumbó el firmamento en Valga con cien bombas de palenque. Ayer no hubo tanto ruido, pero no faltó la tarta, ni la visita del alcalde José María Bello Maneiro , ni la familia. Estuvieron los más próximos, con los que comparte techo: su hijo Ricardo , su nuera Lucía y su nieto Tino, entre otros muchos. El domingo volverá a haber ocasión para celebrarlo. Golosa y de pocas palabras Andrea ya no está para demasiadas juergas. Necesita mucho reposo y que la ayuden para levantarse a comer y desayunar. Pero aún se levanta, que no es poco a su edad. Recurro a su familia para que me cuenten cosas de ella, porque Andrea ni oye bien ni es mujer de conversación. Me cuenta su nieto Tino que siempre fue de pocas palabras y que su abuela sigue siendo una golosa. Se pirra por el chocolate y los dulces en general, aunque mucho ya no come por exigencias de la edad. Así que le ataca al yogur, que es más sano y también esta rico. Buen provecho y por muchos años Andrea, que queremos escribir sobre los 102.