Una pasantía para saltar barreras

Rosa Estévez
Rosa Estévez VILAGARCÍA

AROUSA

VÍTOR MEJUTO

Reportaje | Clases para niños inmigrantes en O Grove La lengua gallega es la asignatura que más problemas da a los estudiantes procedentes de otros países. Ahora recibirán clases gratuitas para superar esas dificultades

31 ene 2006 . Actualizado a las 06:00 h.

?studiar exige esfuerzo. Hacerlo en un idioma que no se domina es una tarea titánica. A semejante hazaña se enfrentan muchos de los niños que han llegado a Galicia persiguiendo esa vida mejor con la que sueñan todos los emigrantes. En O Grove, la comunidad infantil foránea está formada por 38 chavales. De ellos, 21 se han decidido a aprovechar la oportunidad que les ha dado el Concello de acudir a clases particulares para rellenar todas las lagunas que les puedan quedar cuando salen del colegio o del instituto. Las clases arrancaron la pasada semana en una academia privada con la que el Concello ha firmado un convenio. Los alumnos que acuden a ella reciben clases de aquellas disciplinas que tienen más problemas para sacar adelante. Pero, sin duda, las materias en las que más refuerzo necesitan todos son los idiomas. Con el castellano se van defendiendo. Con el gallego la cosa cambia. «Mi hija va a clases de gallego, sí», dice, sonriente y en un castellano casi perfecto, Georgiana Glavan. Su hija se llama Andrea, tiene ocho años, y es una estudiante excelente -«ella habla el castellano mucho mejor que yo»-. «Pero en gallego sí que tiene problemas y yo no la puedo ayudar. Miramos el diccionario juntas, pero no vale», cuenta esta rumana que llegó a O Grove de la mano de su marido, el piragüista Marcel Glavan. A Georgiana la iniciativa del Concello le parece muy positiva. Y muy positiva le parece también a Catalina Helena Tetoros Hrissogelis. Es una argentina de ascendencia griega que ha recalado en O Grove porque su marido, también argentino, tenía sus orígenes en Portonovo. Catalina tiene un hijo, Juan Elías Piñeiro. Hace tres años que llegó a Galicia, y nunca ha tenido problemas de integración. El único inconveniente, de nuevo, el gallego. «Que el Concello haga esto nos parece muy bien. Lo que pasa es que a lo mejor es un poco injusto para la gente de aquí, que no tiene acceso a esas ayudas. Aunque supongo que nosotros también tenemos otros inconvenientes», decía con su acento argentino la señora Tetoros. Como Juan Elías, otros 14 chavales que han cruzado el Atlántico han decidido beneficiarse de estas clases gratuitas de refuerzo. Otros proceden de Europa: de Rumanía y de Bélgica. E incluso hay varios niños de origen chino que se sientan en los pupitres de la pasantía. «Espero que esta iniciativa os sirva a vosotros y a vuestros hijos», les dijo ayer el alcalde Miguel Pérez a los padres de todos estos chavales. Y los emplazó a una nueva reunión para «que nos comenteis en qué otras cosas podemos colaborar con vosotros».