Instalaciones

AROUSA

AREOSO | O |

06 ene 2006 . Actualizado a las 06:00 h.

CADA vez que íbamos a jugar a Vigo contra el Mercantil sucedía algo curioso. Una vez, Chuco se resbaló en el vestuario y se cayó encima de la rodilla estropeada, pero guardamos la compostura y nadie se rió. Había temor a los daños colaterales si la furia se desataba. En otra ocasión, el conductor del autobús que nos llevó no era el habitual. De hecho, el chófer no era un asiduo de las autopistas y al divisar Rande no pudo reprimir un «vaia pedazo de ponte que fixeron aquí». Pensábamos que lo decía de coña, pero al perdernos en Vigo nos dimos cuenta de que el tipo no bromeaba. Trigo, de aquella el entrenador, cogió un cabreo tal que en vez de mandarnos bajar del autobús para hacer el último tramo caminando -en lo que era una de sus maniobras características- fue él el que se puso a andar por el pasillo del autobús echando humo por la cabeza. Las anécdotas eran habituales en estas visitas a Vigo, pero lo que realmente me sorprendía eran las instalaciones que tenía esa sociedad. Acostumbrado al pabellón del Liceo, aquello era el paraíso. Pistas de tenis, piscina, un pabellón de parqué. En fin, algo para envidiar y que a mí me parecía inalcanzable. Sin embargo, poco a poco se está haciendo realidad. Hoy por hoy, cualquiera que se acerque al complejo deportivo de Fontecarmoa por primera vez quedará francamente impresionado. Además del viejo pabellón, remozado por dentro y al que sólo le falta una cubierta nueva y la calefacción para ser todo un lujo, su hermano pequeño viste ya también parqué. Al lado de ambos, la piscina cubierta y varias pistas de tenis de hierba artificial y si se bajan unas escaleras se llega al estadio de atletismo y al campo Manuel Jiménez. Lo que hace veinte años era un solar que parecía muy alejado de Vilagarcía tiene hoy en día una amplia oferta al alcance de todo el mundo. Y el nuevo pabellón parece que está en camino.