AREOSO | O |
26 dic 2005 . Actualizado a las 06:00 h.LOS tiempos adelantan que es una barbaridad. Hace unos años se estilaba en las distintas delegaciones de La Voz las felicitaciones navideñas a través del fax. Había como un concurso a ver cuál era la más original. En nuestro caso, el encargado de diseñarla era Villa, que una vez trajo un árbol navideño muy bonito a base de los muñequitos del Windows. Este año confieso que me temía que el correo electrónico se saturara de todo este tipo de cosas, pero veo que el móvil sigue siendo el rey. Mantengo una teoría: las distintas operadoras telefónicas contratan un par de semanas antes de estas fechas a cien o doscientos guionistas, que se dedican a pensar los mensajes que van a estar rulando por los móviles durante estos días. Ya sabemos que en este estado plurinacional o país (según quien lo diga te cambian de dirección) el ingenio, la picaresca y, sobre todo, la mala leche son parte fundamental del legado genético. A la hora de que suceda un accidente o una desgracia, ya circula por ahí el chistecillo sobre el particular. Pero lo de los mensajes navideños por móvil está alcanzando ya momentos extraordinarios. Tenemos el momento ternura : «Este mensaje lleva un regalo, una cajita de paz llena de alegría envuelta en ternura sellada con una sonrisa y enviada con un deseo: Feliz Navidad». O el momento amistad : «Si esta noche un hombre grande y gordo salta por tu ventana, te rapta y te mete en un saco, no te preocupes. Le pedí a Santa Claus un amigo como tú en Navidad». La novedad de esta temporada fueron los SMS momento sexo , irreproducibles en estas líneas tan castas. Pero el mejor fue el que me llegó el día de Navidad a media tarde, el momento despedida : «Aviso a toda la población: el simulacro de paz y amor ha finalizado. Guarden los langostinos, insulten a sus cuñados y disuélvanse».