En directo | Gélida espera a las puertas de la nave «Nós ao lado deles somos unha formiga, pero que saiban que imos estar aí». Con este tesón, las mujeres de O Grove afrontaron ayer una gélida mañana en Porto Meloxo
12 dic 2005 . Actualizado a las 06:00 h.?urante toda la noche del domingo, un retén de guardia vigilaba las instalaciones de Mariscos San Cayetano en O Grove. Fue una noche larga, pero menos de lo habitual. A las seis de la mañana comenzaron a sumarse al grupo todas sus compañeras y muchos vecinos de O Grove. Se preparaban para, en cuestión de pocos minutos, recibir a las empresas contratadas para el desmantelamiento de la fábrica. A las siete de la mañana eran ya más de un centenar de personas las que se concentraban en las dos puertas de entrada de la nave. Los compañeros encargados de la maquinaria habían entrado en la factoría y se esperaba que en cualquier momento llegasen las empresas contratadas para el desmantelamiento. Así fue. Todavía no había amanecido cuando dos camiones se acercaron a la puerta e intentaron cruzar la valla. No fue posible. Una frontera compuesta por trabajadoras convencidas se lo impedía. Otros visitantes, que a lo largo de la mañana se fueron acercando hasta el recinto -incluido un coche curiosamente rotulado como «Los profesionales del montaje»- corrieron la misma suerte. Media vuelta y hasta el próximo intento. Fuera de estas pequeñas incidencias, la mañana transcurrió con tranquilidad. Salvo por el frío, claro. Gorros, bufandas, guantes e incluso mantas. Cualquier cosa servía con tal de apaciguar un poco el intenso pelete con el que comenzaba a descubrirse el día en O Grove. El equipamiento era completo, y en ese campamento improvisado no faltaban ni los termos con café, ni siquiera el bizcocho casero. A quienes se sumaban al grupo se les ponía en la mano un vaso de regenerante café con leche. Pero ni el sol que comenzaba poco a poco a asomar por detrás del Siradella consiguió imponerse a la gélida brisa. Durante toda la mañana el frío fue intenso, pero es poco enemigo el frío en la terra do Meco . Por supuesto, no lo es para las empleadas de Marsac. Pero tampoco para un nutrido grupo de trabajadoras jubiladas que desde bien temprano habían decididio acompañar a quienes hoy ocupan sus antiguos puestos. «Tantos aniños aquí e agora... » se oye desde estas filas. La mañana es larga y las conversaciones, por tanto, dan para mucho. El apoyo de todo O Grove es un tema recurrente. Las mujeres están agradecidas por esta solidaridad que creen les dará fuerza en las negociaciones. Aunque, eso sí, no falta quien se pregunta «¿onde están os bateeiros do Grove?». Con todo, la gran pregunta de la jornada no es otra que «¿Qué futuro nos espera?». La verbaliza una mujer, pero todas la llevan dentro.