A toda mecha

| SERXIO GONZÁLEZ |

AROUSA

EN SU afán por sementar la provincia de campos de fútbol de todo tipo y condición, la Diputación no conoce el desmayo. Y los que no hay que construir, se reforman y a galopar como puchos. Ahí está la desfeita del Salvador Otero. Sería temerario atribuir un origen a la zozobra de la tribuna del estadio isleño a las primeras de cambio. Pero para según qué cosas las prisas nunca serán buenas, y este principio es válido para cualquier hipótesis que uno formule en el azaroso universo de la construcción pública. Lo aprendieron por bemoles dos de los tres cerditos del cuento, los mismos que, queriendo echarse una siesta a la guay, se curraron una casita de paja y otra de palo. Casi se los come el lobo por lumbreras y chapuzas. Por muy listo que uno sea, el cemento tiene que ser cemento. Y menos mal que el mundo no tembló en domingo, paisa.