La cosa política
19 nov 2005 . Actualizado a las 06:00 h.?l proceso de elección de compromisarios parece haber concedido un respiro al presidente del PP de Vilagarcía, Tomás Fole , cuya situación en el seno de la agrupación local se tornaba complicada por momentos. Con todos los esfuerzos de los militantes volcados en la interminable sucesión de Manuel Fraga , el foco de debate de los conservadores se desplaza hacia las figuras de Núñez Feijoo y Cuíña , y se aleja de los delicadísimos equilibrios internos de los populares vilagarcianos, un ámbito en el que las sombras superan, últimamente, a las luces. Que el ambiente en el seno del grupo municipal está lejos de ser óptimo no constituye ningún secreto. Existen diferencias, incluso encarnizadas, entre los cinco concejales que representan a la gaviota en el pleno de Vilagarcía. Algunas de las líneas de discusión que permanecen abiertas afectan al propio liderazgo de Fole, y se han transmitido a la gestora, donde en ocasiones su papel como hombre fuerte del partido ha sido cuestionado. Pero todo esto se queda corto ante la última andanada que, con plena apariencia de navajazo interno, alguien ha puesto en circulación entre la militancia popular. Dos versiones en marcha Hace algunas semanas, un escrito anónimo se cebaba en la figura del número uno del PP vilagarciano, con una insana mezcla de crítica política y libelo personal. La operación se ha repetido estos días, con una nueva versión, ligeramente retocada, del mismo pasquín. El texto desgrana, en quince puntos, una crudísima visión sobre la trayectoria de Fole al frente del partido y del equipo municipal. Hasta aquí la parte opinable. El resto se abandona, sin reparos, a la acusación hiriente, sin nombre y apellidos, carente de pruebas y en tono ofensivo. La crítica de corte político sigue dos vías de reproche al portavoz conservador. En primer lugar, y tampoco es novedad, el personalismo y la acumulación de cargos. Entre otros, el listado abunda en su calidad de presidente de la gestora, portavoz municipal, concejal liberado, consejero portuario y miembro de la Mancomunidade do Salnés, el comité ejecutivo provincial, la candidatura al Congreso en el 2004 y distintas comisiones en la corporación. La estrategia común Paradójicamente, a Fole se le censura, desde este punto de vista, por la misma estrategia que el Partido Popular suele poner en marcha en todos los municipios gallegos. Esto es, la concentración de funciones sobre una misma persona, que, allí donde no existe una bicefalia inexpugnable, como la que funciona en Vilanova, normalmente aúna los papeles de número uno municipal y máximo responsable de la formación en el concello de turno. Es obvio que el objetivo de este tratamiento exclusivo es la promoción del hombre o mujer en cuestión como imagen potente. Si en Vilagarcía alguien es capaz de romper la baraja desde dentro, resulta sintomático de que la meta no se ha conseguido. El segundo campo que abre el anónimo se refiere a la falta de una estructura de trabajo afianzada en las distintas parroquias, las derrotas electorales encadenadas y la concejalía liberada como hipoteca política frente al gobierno en minoría de Javier Gago . En realidad, sólo el tercer factor, valorativo en cualquier caso, es imputable directamente al presidente de la gestora, que recogió el partido hecho, literalmente, unos zorros tras dos purgas consecutivas, la de los riveristas primero, y la de los cuiñistas a continuación. El PP va a menos en Vilagarcía, y la etapa de Tomás Fole no es una excepción a esta prolongada decadencia sin freno conocido. Pese a todo y a semejante crisis, el líder vilagarciano sigue contando en su haber con un importante activo, decisivo en un partido altamente jerarquizado, como es el PP: la confianza del aparato provincial, encabezado por Rafael Louzán . Al propio Fole confiesa no caberle en la cabeza que un escrito de estas características pueda tener su origen en el mismo seno de la agrupación que preside. «Jamás creería que alguien del partido pudiese llegar a hacer esto; aunque pueda haber discrepancias o debate sobre la forma de trabajar o enfocar las cosas, como en cualquier organización, nadie puede ser tan ruín como para hacer esto». Al portavoz municipal le duelen especialmente los ataques personales, de ínfima catadura, y ante ellos proclama «no tener nada que ocultar». En cuanto a la vertiente política, sostiene que «gustar o no es una cuestión de opinión». «Mi objetivo -argumenta- es intentar gustar al mayor número posible de ciudadanos y hacerme merecedor de su confianza. Las críticas sólo me preocupan en esta medida». Un sucio precedente Pese a las reticencias de Fole a atribuir un origen doméstico al panfleto, lo cierto es que este tipo de maniobras no son ajenas a la intrahistoria conservadora. José Luis Rivera sufrió en sus carnes un sucísimo ataque desde la misma familia popular que llevó a la alcaldía. Corría 1995. El hoy líder independiente se preparaba para liderar, por primera vez desde la oposición, la candidatura de la gaviota al gobierno municipal cuando tuvo que ser intervenido de una severa enfermedad en Madrid. Mientras estaba en el quirófano, sometido a una operación que duró catorce horas, alguien distribuyó desde un fax a los medios de comunicación un escrito en el que se le daba prácticamente por fallecido. Los promotores del mensaje lucían carné del PP. Un año después, Rivera era desposeído de la presidencia y de todo posible retorno al Senado. ¿Volverán las oscuras cuchilladas?