AREOSO | O |
14 nov 2005 . Actualizado a las 06:00 h.EL CAMBIO ha llegado al fin. No porque Touriño haya superado la mítica cifra de los cien días como presidente de la Xunta; no porque podamos llevar a los hijos a empastar una muela al centro de salud; no porque los libros de texto de primaria sean gratis; no porque tengamos selección de fútbol. No, el cambio no se hizo evidente hasta el pasado viernes, hasta que las pancartas de Nunca Máis subieron al escenario de Luar y a Gayoso le estamparon los pins de la bandera negra en la solapa. Nunca antes el programa había captado tanto mi atención, y la cosa se presta. Cogí la fiesta empezada, por aquello del zapeo, pero llegué a tiempo de ver como los coros de Nunca Máis sustituyeron por unos minutos a los gorgoritos de María del Monte y como los pancartistas le pasaban la mano por encima del hombro en plan colegueo a un Gayoso que, por cierto, tuvo que oir como una de las folloneras de entonces, hoy convertida en heroína mediática, se salió del guión y le espetó que «a outra vez non estiveches tan explícito». Supe después que los mismos que ahora eran objeto del deseo de las cámaras boicotearan años antes otro Luar para hacerse ver y oir en la televisión del PP. ¡Cómo cambian las cosas en tres años! Luar ha resistido al bipartito y sigue en la parrilla, que para algo es lider de audiencia de la TVG, pero ha tenido que reciclarse. Gayoso sigue al pie del cañón, pero ahora en vez de dorarle la píldora al popular Juan Pardo tiene que darle cancha al rojillo Víctor Manuel. A este paso, la productora va a pasar de acarrexar jubilados y mujeres rurales repeinadas a convertirse en plataforma para aquellos peligrosos subversivos hoy mimados por el poder. El viernes ya oímos consignas contra Ence. Fraga aún no se lo debe de acabar de creer.