AREOSO | O |
08 nov 2005 . Actualizado a las 06:00 h.QUE EL TÁMESIS es una cloaca ya lo sabíamos, aunque los ingleses trataron de engañarnos con esa milonga de que la protagonista principal de las andanzas de Jack el Destripador, o sea, la niebla, había desaparecido después de que se hiciese un completo saneamiento del río londinense. Imagínense ustedes al Támesis recogiendo los mocos de miles de moros, las evacuaciones de un ejército de brokers, los residuos menstruales de unos cuantos millones de mujeres y las cacas y los pises de todos ellos. Como para caerse a sus aguas desde el London Eye y salir indemne del accidente. Pues ahora resulta que, a costa de analizar la mierda del río, los técnicos han descubierto que en la capital británica se consume mucha más cocaína de lo que se pensaba. Primero lo hicieron con los residuos que el polvo blanco dejaba en los billetes, y ahora lo constatan con las pruebas de laboratorio de las aguas del Támesis, hasta donde llegan los restos de tan apreciada sustancia después de ser evacuada por los cocainómanos que se la introducen en el organismo vía nariz. Y así han descubierto que la cocaína que se esnifa de hecho en Londres triplica la que figura en los informes oficiales, y que unas 150.000 personas se alegran artificialmente la vida con el polvo milagroso. La prueba es, desde luego, más fiable que la de los billetes, porque ya se sabe que todo lo que entra, sale, y en Londres todo lo que sale acaba en las aguas del Támesis. Ahora, no me digan ustedes que el asunto no da que pensar. Que en la capital británica se pueda deducir cuánta cocaína se consume con una simple probeta como prueba y aquí, en O Salnés, llevemos años sin saber claramente quién contamina el río Umia a su paso por Cambados o qué es con exactitud lo que provoca la caía de la producción pesquera y marisquera. Será cosa de llamar a Bond, James Bond.