Testimonio | Las tribulaciones del vigilante de un local nocturno Cobran unos 60 euros por poner la cara y defender los pubs de las acometidas de los pendencieros. Ganan poco dinero, pero mucha mala fama. «Es para pensárselo». Lo dice uno de ellos
17 oct 2005 . Actualizado a las 07:00 h.?ace ya tiempo que Manolo -llamémosle así, porque prefiere no airear su verdadero nombre- trabaja en la noche de Vilagarcía. Por cada madrugada en la que debe poner la cara y, si se tercia, también los puños, al servicio del pub en el que opera percibe unos ochenta euros, aunque la cotización del portero está a la baja, y algunos compañeros no pasan de los sesenta. Manolo advierte un incremento de la violencia en la movida vilagarciana. «Sí, desde hace unos meses esto se está poniendo chungo», dice. En cualquier caso, tiene claro que hay dos factores que se unen para dar lugar a este cóctel lamentable. Por una parte, la propia actitud de los pendencieros. «Siempre son los mismos los que empiezan, aunque después le toca al que pase por allí y, por supuesto, también a nosotros». Por ahí pulula, pues, un determinado grupo de sujetos que salen de casa con una idea entre ceja y ceja: partirle la cara a alguien. Por otro lado, la ingesta inmoderada de alcohol y otras sustancias que calientan un ánimo ya de por sí subidito. «Claro, esta gente bebe de más y se mete de todo, y no controlan nada», así explica Manolo su noche a noche. El resultado frecuente: una bulla monumental, en la que participan de diez tipos para arriba. «A veces vienen contra uno hasta seis y siete tíos y tenemos que defendernos. Normalmente, intentamos no pegarle a nadie, porque si empleamos la violencia al final somos nosotros los que acabamos pagando, pero...». Manolo es consciente de que, para colmo de males, su imagen es mala. «Hay gente que nos ve y piensa que somos unos matones, pero lo único que estamos haciendo es mantener la seguridad en nuestros pubs, y no llegamos ni a utilizar la violencia mientras nos amenazan, incluso de muerte». Poco dinero, fama de gorila. ¿En realidad esto compensa? «Te lo llegas a plantear, pero al final es un sueldo». Es lo que hay.