Un balón de oxígeno delicado

La Voz

AROUSA

La cosa política

25 jun 2005 . Actualizado a las 07:00 h.

?iempre que las sacas de votos que arriban de allende los mares lo confirmen mañana -o pasado, porque el escrutinio podría prolongarse al menos hasta el martes- las elecciones del pasado domingo acaban de proporcionar un colchón inestimable al gobierno local de Vilagarcía para recomponer lo que parecía una lenta y progresiva pérdida de fuelle hacia un resultado incierto en los comicios municipales del 2007. De la sabia administración del resultado electoral en clave local dependen no sólo las garantías con las que los socialistas afronten la pelea por mantener la alcaldía, sin resolver aún la continuidad de Javier Gago , sino también la cancha de la que dispondrá el BNG en pos del mismo objetivo. La derrota todavía virtual del PP ha disparado el optimismo de las declaraciones públicas sobre la posibilidad de que socialistas y nacionalistas resuelvan sus diferencias y formulen una coalición. Pero, más allá de la buena disposición que se adivina entre Javier Gago y Xosé Castro Ratón , de las palabras a los hechos quedan todavía bastantes trechos por cubrir. Al fin y al cabo, las pitadas mutuas acerca de un acuerdo son muy anteriores a las autonómicas. De hecho, podría decirse que constituyen, junto al recurso de Ravella a tirar de José Luis Rivera Mallo , una de las principales constantes del actual mandato. El discurso institucionalista de Castro Ratón es bien conocido. El portavoz nacionalista entiende que la única forma en la que el Bloque puede dar un salto cualitativo hasta auparse como alternativa de gobierno en Vilagarcía es comenzar a gestionar, dejar atrás los tiempos de la mera oposición y demostrar su capacidad desde los puestos de responsabilidad. Es, además, la vía para que todo el grupo municipal se active de cara a la ciudadanía, ganando en conocimiento y articulando alternativas solventes en el caso de que, como apuntó hace semanas, Ratón mantenga su intención de no repetir al frente de la candidatura. El bajón de las autonómicas es, desde este punto de vista, un claro aviso a navegantes. Problema de tiempo El problema es que, sobrepasado ya el ecuador del mandato, y a menos de dos años de la cita con las urnas -no es probable que el acuerdo de gobierno culminase antes del otoño- los nacionalistas son conscientes de que la jugada es muy arriesgada. Sin duda, el acceso del BNG supondría un balón de oxígeno para un PSOE falto de referentes ideológicos claros en la acción municipal, tras tanto devaneo con Ivil. Pero, ¿qué ganaría el Bloque si no tiene por delante el tiempo suficiente para que su presencia en el gobierno se traslade a la ciudadanía de forma palpable, si no queda tiempo para hacer patente que realmente el gobierno local ha cambiado con su llegada? El peligro es evidente: cargar con la parte de imagen negativa que los socialistas han generado después de una prolongada estancia en el poder y no lograr, sin embargo, beneficiarse del crédito derivado de su gestión. Valga como ejemplo toda una patata caliente que en su día se manejó con respecto a la idea del pacto. En un momento dado, el PSOE llegó a insinuar al BNG que se hiciese cargo de la concejalía de Urbanismo, sin duda el instrumento más poderoso del complejo engranaje municipal. Pero también una fuente constante de tremendísimos problemas, una bomba que, tras la inercia de catorce años bajo la órbita socialista, difícilmente podrían cambiar de orientación los nacionalistas en poco más de año y medio. La respuesta de los de Castro Ratón fue, claro, negativa. El Bloque debe resolver, a este respecto, qué áreas quiere asumir y hasta qué punto llegaría su implicación en Ravella, si hay margen para una coalición o más bien un acuerdo de gobernabilidad de menor intensidad. Habrá que ver, por último, cuál es la capacidad real de maniobra de Ratón tras el choque preelectoral con el aparato del BNG a cuenta de las listas. También el PSOE debe roer lo suyo. Para empezar, la implicación directa y constante de Javier Gago en las negociaciones es la única baza que puede llevarlas a buen puerto. El tiempo en el que la palabra del portavoz de Ravella, Jesús Paz , era suficiente para tender puentes hacia los grupos de la oposición ha pasado. Paz ha sabido desplegar una astuta e incisiva estrategia centrada en el divide y vencerás, enfrentando inteligentemente a miembros del mismo partido entre sí. Lo hizo con el Bloque y también con Esquerda Unida, cuyo representante, Juan Fajardo , se plantea seriamente renunciar a cualquier contacto con el grupo de gobierno si los socialistas no cambian de interlocutor. El concejal de EU no se fía de la utilización que Paz hace de conversaciones que han sido «terxiverxadas» y trasladadas al pleno «de xeito torticeiro e totalmente fóra de lugar». Otra vez a especular Paz es, sin embargo, el hombre llamado desde el principio a sustituir a Gago. Por lo tanto, aquí hay otro problema, el de convertir al portavoz en candidato con apoyos internos y proyección externa como para ganar unas elecciones. Y es que el resultado de las autonómicas ha disparado una vez más las especulaciones sobre el relevo y el futuro político que le aguarda al primer alcalde del PSOE en Pontevedra. Al clásico destino como conselleiro se une ahora otra posibilidad. Alguien ha pensado que Gago puede acudir a Madrid como senador de representación autonómica a partir del 2008. Claro que, de ser así, él mismo podría repetir como número uno en el 2007. No resuelve, pero aplaza, que para el caso casi es lo mismo.