Una de bodas

AROUSA

AREOSO | O |

19 may 2005 . Actualizado a las 07:00 h.

ACABA de llegar un colega de las tierras vascas tras acudir a un enlace matrimonial. La primera sesión de historias (su viaje dará para varios sucedidos conociendo al personaje) nos dejó dos apuntes. Bueno, quizás tres. El primero desmonta el valor que se le presupone a los vascos: el novio estaba en el hospital dos días antes de la boda, presa de un ataque de nervios. Quizás daría su historia para una película norteamericana, y taquillera por lo tanto. El segundo indica que algo bien deben estar haciendo. La mayor parte de los niños que se encontró por la calle hablaban euskera. Aquí, leí hace poco que le daban diez años del vida al gallego. Y la tercera es la clave: el menú de la boda era más o menos el siguiente: una ensalada de centollo (francés, por supuesto), UNA vieira (aderezada con lo que fuera), UNA filloa (en fino se dice crepe) rellena de algo parecido al marisco, un torito de rape y un filetito de solomillo. El colega este tiene un primo de Viveiro que cuando el camarero le preguntó que qué tal, le espetó que los entrantes bien, pero que cuándo llegaba la comida. Y es que aquí, el gallego (el idioma, me refiero) desaparecerá, pero lo importante es lo importante. Qué las fiestas gastronómicas y los pregones ya están al caer.