Reportaje | Unas polémicas instalaciones que hoy casi nadie cuestiona A Illa intentó una solución propia, pero no pudo. Hoy todos los municipios de O Salnés vierte sus residuos en Ribadumia. Sólo Pontecesures se atreve a ir por libre
07 may 2005 . Actualizado a las 07:00 h.La propia terminología ha quedado desfasada. La contestada «empacadora de basuras» se convirtió en pocos años en la más amablemente llamada ecoplanta de Ribadumia y ya nada, o casi nada, queda de aquel movimiento social que surgió con la construcción de las instalaciones de Sogama y que se personificó en la plataforma antiempacadora. No sólo protestaron los vecinos a títulos particular. Algunos concellos como el de A Illa de Arousa se mostraron desde un principio muy críticos con el plan de la Xunta y buscaron alternativas para el tratamiento de la basura. Los isleños llegaron a aplicar el sistema de elaboración doméstica de compost pero, finalmente, no se cubrieron las expectativas y el ayuntamiento se vio obligado a contratar los servicios de Sogama. Críticas por el precio Otros ayuntamientos recibieron el plan de la Xunta tibiamente y, la mayoría, como agua de mayo no en vano les sacaba de encima el siempre engorroso problema de la basura. En lo que hubo unanimidad fue a la hora de quejarse por lo caro que resultaba vaciar los camiones en Ribadumia: treinta y dos euros entonces que hoy se han convertido en cuarenta y cuatro, más IVA. Una cantidad que se revisa en función del IPC. El «elevado» costo del servicio sigue siendo objeto de crítica y debate pero lo que ya ningún ayuntamiento que está en el sistema se plantea es salirse del mismo. La incineración En Galicia, 230 ayuntamientos están adheridos a la gestión de residuos sólidos urbanos en bolsa negra realizada desde Sogama y 267, a la gestión de la bolsa amarilla. De los doce municipios de O Salnés y Baixo Ulla, sólo Pontecesures se ha permitido prescindir de las instalaciones de Ribadumia y ha optado por un plan alternativo que se desarrolla de la planta de reciclaje y compostaje de Barbanza. Las críticas al plan Sogama se centran, sobre todo, en su sistema de incineración de residuos pues, si no todos porque en parte se reciclan, sí hay una parte de los vertidos que se acaban quemando en la planta de Cerdeda con el consiguiente efecto contaminante. Sogama vio la luz en 1992 pero no fue hasta que empezó a tomar forma mediante la construcción de las plantas de transferencia cuando el grado de protestas alcanzó su momento álgido. En Ribadumia también. La plataforma antiempacadora sacó a la gente a la calle para reclamar la paralización de este proyecto y, de forma prioritaria, su alejamiento del núcleo de viviendas de Cabanelas. Denunciaban que la planta iba a ocasionar muchos problemas de ruidos y malos olores además de la contaminación del suelo. Siete años después, el portavoz de aquella plataforma y concejal del BNG en Ribadumia, Ramón Mouriño, reconoce que las molestias no fueron tan graves como se temían «pero foi gracias a nós que a empresa tomou medidas minimizadoras». «A peor das situacións» «A verdade e que non hai tantas molestias porque a empresa en Ribadumia tivo unha actuación máis correcta ca en Vigo, por exemplo. Os cheiros evitaronse pero aínda hai veciños que protestan polos ruidos do tráfico pesado por Oubiña e Leiro, que duran toda a noite». Mouriño asume que la apertura de la ecoplanta acabó con «a peor das situacións posibles, con casos lamentables de queimas de basuras, donde había chemineas dos vertedoiros en todas partes». Pero, a su juicio, Galicia perdió una oportunidad de oro para planificar una política de eliminación de residuos que prescindiera de la incineración. El presidente de la Mancomunidade do Salnés, el meañés Jorge Domínguez, no entra a valorar las circunstancias del plan Sogama pero sí tiene claro que es el mejor posible. «Á larga se demostrou que ninguén presentou unha alternativa mellor»,