AREOSO | O |

28 abr 2005 . Actualizado a las 07:00 h.

UNA de las cosas que más me fastidian son las faltas de ortografía. Sé que es mentar al demonio en un oficio como este, donde a veces se junta el diablo del teclado con la mala suerte y aparecen auténticas patadas (entiendo que la gran mayoría de manera fortuita). Me preo-cupa, sin embargo, el relevo. La proliferación de los foros en Internet demuestra que a la gente hasta puede llegarle a gustar lo de escribir, pero que las faltas son algo demasiado común. Y no son nada tibias (una b por una v, que están juntas en el teclado y son un peligro, por ejemplo). Son cosas flagrantes. La a sin la hache en los tiempos compuestos es algo habitual. La economía de letras se pierde, sin embargo, en los dijistes , comistes y compañía, tan propios de este país, aunque la palma se la llevan los enroyados y los alla pensado, que esos sí que duelen a la vista. Viene esto a cuento por la charla del mediodía, en la que uno de los habituales decía estar sorprendido de la velocidad a la que una jovencita escribía y mandaba mensajes con su teléfono móvil. Cierto es que ahí, la economía de letras es habitual, pero por ahí pueden venir algunos de los problemas. A ese ritmo es difícil que escriban correctamente. A mí, esta columna me llevó un tiempo. Y ni tras leerla un par de veces y pasarle el corrector ortográfico otras tantas estás libre del diablo del teclado.