Desaparecer de las estadísticas

La Voz

AROUSA

Crónica | La muerte de un chaval de 18 años El sábado 16 de abril, Alberto Rodríguez sufrió una caída en Vilaxoán, fuera de su horario de trabajo. Falleció tras siete días en coma. Su caso no figurará como accidente laboral mortal

25 abr 2005 . Actualizado a las 07:00 h.

?e llamaba Alberto Rodríguez dos Reis, vivía en Vilagarcía y tenía apenas 18 años. Se ganaba el jornal en el duro mundo de la construcción. Trabajaba para Hermanos Padín, y un mal sábado por la tarde, el día 16, tuvo un encuentro fatal con la peor de las realidades laborales. No tenía que estar en aquel lugar, su horario laboral no era ése. En aquel momento debería estar apurando una cerveza o echando la siesta. Pero estaba en el andamio. Acudió a la urbanización Miramar, que su empresa levanta en Vilaxoán. Allí, desde un tercer piso, se le fue la vida hasta al suelo. Diez metros de caída que le arrebataron la consciencia para ya no despertar. Tras el primer traslado al Hospital do Salnés, la gravedad de su estado exigía mayores medios; los del Xeral Cíes, en Vigo. Cuando el desenlace todavía no estaba claro, a mediados de semana, su familia comentaba, preocupada, que no sabía en qué condiciones económicas quedaría, quién se haría cargo de los gastos que pudiese generar el estado del chaval, si habría o no indemnizaciones. Sí tenía contrato, decían, en una conversación desarrollada en el ambulatorio de San Roque, pero, claro, cuando perdió el equilibrio desde aquellos diez metros no era momento de estar trabajando. Y las mutuas actúan como bisturís de filo implacable. La historia finalizó el pasado sábado. Alberto llevaba siete días en coma. No pudo ver el octavo. Su fallecimiento constituye un dramático elemento de reflexión sobre las condiciones en las que un buen número de personas desarrollan su actividad diaria. Su caso no será incorporado a las estadísticas de accidentes laborales con resultado de muerte. La Xunta sólo contabiliza aquéllos en los que el trabajador pierde la vida en las 24 horas siguientes al siniestro. Triste paradoja.