Análisis | Obstáculos a las investigaciones en O Vao La policía sospecha que en el poblado de Poio terminan muchos objetos robados, que son trocados por droga, como ha puesto de manifiesto una sentencia de la Audiencia
18 abr 2005 . Actualizado a las 07:00 h.La reciente condena de dos vecinos de O Vao acusados, inicialmente, de haber aceptado a cambio de droga el arma y parte del botín de un homicidio ocurrido hace un año en Ribeira, ha sacado a la luz las dificultades con las que se encuentra la policía cuando se trata de llevar a cabo una intervención en el poblado gitano de Poio. Chabolas de las que se desconoce el número de accesos con que cuentan; ausencia de planos arquitectónicos que permitan hacerse una idea de la división de la estructura interior del inmueble; falta de información sobre el número de personas que residen en cada vivienda... son sólo algunos de los obstáculos que se encuentran las fuerzas del orden cuando tratan de llevar a cabo una operación en este espacio y que puso de manifiesto un agente de la Unidad contra la Delincuencia Especializada y Violenta (UDEV) de la Comisaría de Pontevedra durante el juicio celebrado a principios de mes. Ante esta tesitura, cada vez que se lleva a cabo una intervención, las fuerzas del orden suelen optar por establecer un cordón de vigilancia alrededor de las chabolas en las que se va a realizar la redada. De este modo, se cubren posibles rutas de huida desconocidas por los investigadores o se evita que, llegado el caso, los moradores se puedan deshacer de género robado o drogas. Sin embargo, la táctica no siempre funciona. En más de una ocasión, los agentes han visto como los residentes de una chabola arrojaban al exterior polvos similares a la cocaína o heroína de los que no se pudo determinar que se tratase de estupefacientes. En otras ocasiones, los imponderables comienzan mucho antes, con el mero hecho de tratar de identificar fehacientemente el inmueble sospechoso. Entonces, la policía y la Guardia Civil recurren a confidentes o delincuentes menores que, no es de extrañar que intenten sacar provecho de su colaboración. El fiscal Antonio García Brión, en el primero de los juicios de alguna manera relacionados con el crimen de Ribeira, destacó el «buen criterio» de la policía a la hora de valerse de uno de los presuntos homicidas de Domingo Argibay para identificar los inmuebles de las personas que, en un principio, estaban acusadas de, entre otros delitos, haber cambiado droga por el arma del crimen y joyas del botín obtenido tras el crimen. Impunidad Y es que pocos en medios policiales niegan que en O Vao «se vende droga indiscriminadamente», como lamentó García Brión. Algunos agentes nacionales no dudan en definir el poblado como algo muy semejante a un supermercado donde se puede adquirir cualquier estupefaciente. Además son ya varias las sentencias que han establecido una relación entre el destino final de algunos objetos robados o hurtados y la venta de droga. Así, los responsables de este oscuro negocio no solo estarían dispuestos a aceptar dinero en efectivo por dosis de cocaína o heroína, sino que también les valdría como moneda de cambio de objetos sustraídos. ¿Y el futuro? Son muchos los que sostienen que el realojo de los gitanos en tres bloques de viviendas no variará la situación actual. Así, la Asociación de Vecinos de O Vao sostiene que tal proyecto implicará el premiar con una vivienda a los traficantes. Por su parte, algunos de los residentes del poblado gitano se escudan com frases como «en O Vao no existiría la droga si ésta no entrara por Arousa y otras zonas de la costa de Galicia», para rebatir toda cuestión relacionada con la venta de estupefacientes. Eso sí, antes de sostener esta afirmación, los interlocutores niegan una realidad contrastada en medios policiales y por el propio fiscal jefe cuando el año pasado presentó la memoria judicial de la Audiencia. Algunos, por otro lado, afirman que las chabolas en las que se vende droga son un número muy pequeño comparado con la totalidad del poblado. Policía y Guardia Civil sostienen todo lo contrario. Finalmente hay quien opta por eludir la cuestión acusando de todo a la sociedad «paya». A fin de cuentas, dicen, «son payos los que traen la droga para que la vendamos en O Vao».