ENTRE LÍNEAS
29 mar 2005 . Actualizado a las 07:00 h.CUANDO era niño siempre me cortaba el pelo en una barbería a la que iban muchos hombres a afeitarse. Hace poco volví a aquel local y allí estaban el barbero y sus empleados, pero ya nadie quería afeitarse. Hoy lo normal es afeitarse en casa. Seguramente, porque ya nadie puede dedicarse el tiempo suficiente como para que le afeiten. Son cosas de los tiempos modernos. De la vorágine de prisas y estrés en la que vivimos. El que nunca lo haya probado sin duda desconoce el inmenso placer que supone que te afeiten. Te quedas ahí recostadito y te pones en manos expertas. Mejora el apurado y se reducen irritaciones, cortes y demás sangrías. Afeitarse en casa es el equivalente a teñirse uno mismo. Es un recurso cutre propio de una sociedad en la que nadie puede perder tiempo. A mí, les confieso, las prisas, me afeitan para arriba.