La cosa política
26 mar 2005 . Actualizado a las 06:00 h.?l trompicado affaire de la peatonalización de Vista Alegre lleva camino de convertirse en la losa que sepulte el proyecto de situar a Jesús Paz en la alcaldía de Vilagarcía, como final de esa feliz transición que el PSOE soñó en su momento y que la realidad se empeña en complicar cada día un poco más. Y no porque la polémica con el APA y la dirección del centro sea un asunto de calado trascendental. En absoluto. El problema está en la actitud equívoca demostrada por el portavoz de Ravella a lo largo de todo este proceso, una guinda que corona el pastel del descontento hacia su trayectoria, incluso entre sus propios compañeros de partido y de grupo municipal. Desde sus dos primeros éxitos al inicio del mandato, a través del pacto institucional con el PP y el BNG y los acuerdos puntuales con Ivil, a Paz se le ha complicado bastante el recorrido político que tenía por delante, cuyo fin evidente siempre fue el de relevar a Javier Gago al frente del gobierno local. A medida que el tiempo ha ido transcurriendo, el portavoz se ha rodeado de un aura caracterizada por lo que algunos consideran «muchas ganas de agradar a todo el mundo» y otros interpretan como «demasiadas prisas por llegar a la alcaldía», en palabras de un destacado militante del PSOE. Todo ello se traduce en mensajes confusos y contradictorios, en anuncios que no llegan a concretarse, o, cuando lo hacen, resultan muy distintos a lo que en un principio se había dicho. El crédito político Lógicamente, la repetición continuada de este tipo de situaciones impide al delfín de Gago remontar el vuelo y hacerse con un crédito político propio. Hasta el punto de que «no sabemos exactamente si Suso habla por sí mismo, por el alcalde o por el resto del gobierno local», asegura un miembro de la oposición. Opinión, por cierto, que se ha transmitido a las propias filas socialistas. Y la desconfianza y las críticas han llegado a tal extremo que la operación de sucesión se ve, hoy por hoy, gravemente comprometida. El caso de Vista Alegre constituye todo un paradigma de este estado de cosas. Gago y Paz presentaron el proyecto de peatonalización hace un año. Lo hicieron hablando de las máximas medidas de protección, pero sin abordar expresamente el problema del transporte escolar. Retomado el curso, tras las vacaciones de verano, los representantes del centro quisieron aclarar la cuestión. Y finalmente, en diciembre, el gobierno local concretó sin tapujos su intención: los autocares en ningún caso podrían circular bajo el arco del pazo. Ravella se mostraba dispuesta a estudiar alternativas, pero ninguna de ellas podría incluir el paso por Vista Alegre de los autobuses. «No tendría sentido invertir en su protección para después permitir el tráfico, con el consiguiente peligro de deterioro para las construcciones», argumentaba una nota oficial. La vuelta de la tortilla El concejal de Tráfico, Alejandro Quintela , se puso a trabajar con la premisa de la peatonalización total y absoluta. Y en esto, llegó la intervención de Jesús Paz. El portavoz contradijo la opinión oficial del grupo de gobierno, asegurando públicamente que la decisión sobre el corte del tráfico no era definitiva, y que sería necesario comprobar la incidencia de las obras de acondicionamiento de Vista Alegre sobre el transporte escolar antes de adoptar la medida final. No sólo eso. También reconoció que el Concello no disponía de ningún argumento técnico para afirmar que la circulación rodada había dañado el arco de Vista Alegre o que podría hacerlo en un futuro. De un plumazo, todo al revés. Pero lo que a la postre resultó definitivo para decantar el estado de ánimo en el que hoy se mueve el grupo de gobierno fue el trato dispensado a Quintela. Preguntado por las quejas de los padres acerca del hecho de no haber sido advertidos del inicio de las obras, el portavoz dijo que el responsable de Tráfico se había comprometido ante él a comunicar el tema. En otras palabras, descargó sobre los hombros de Quintela cualquier responsabilidad acerca de este asunto y los posibles errores que podrían haberse producido al respecto. La fidelidad a Gago El alcalde salió esta semana a la palestra para corregir a Paz e intentar templar los ánimos. Pero el mal ya estaba hecho. Hay compañeros de gobierno que acusan a Paz Arias de «haber tratado de dejar en evidencia a Quintela para evitar mancharse con polémicas» y de dar argumentos fáciles a la oposición para fustigar a Ravella. Y si el malestar no se ha traducido en una crisis comme il faut es porque los concejales, aun cuando tomen posiciones ante la futura sucesión, siguen guardando una enorme fidelidad a Gago. Motivos para la revuelta, al parecer, no faltan, ya que lo de Vista Alegre constituye un esquema que se ha repetido, con matices, en varias ocasiones. «Lo que pasa es que a Gago le confunde gente que ya no pinta nada en el partido», lamenta un miembro del PSOE vilagarciano. Paz Arias carece de apoyos propios en el seno del partido. Y, tal como están las cosas, sólo si alguien de mucho peso le confiere su respaldo y el de su gente podría el portavoz seguir adelante con su pretensión de alcanzar la alcaldía. «Que se olviden de delfines, si Gago se va habrá unas primarias para que sean los militantes quienes decidan quién va a ser el candidato», advierten con contundencia fuentes socialistas de toda solvencia, convencidas de un giro a la izquierda en la agrupación de Vilagarcía.