AREOSO | O |
24 mar 2005 . Actualizado a las 06:00 h.¿PARA qué puede querer alguien setenta tapas de alcantarilla? Esa pregunta surgió en mi mente ayer, al conocer las peripecias de un ladrón que, hace diez años, se dedicó a atormentar a los vecinos de Sobradelo llevándose todos los cobertores de las cloacas. Cuando leí tal historia en la sección de hemeroteca llegué a la conclusión de que la gente, así en general, está muy loca. Tardé poco en darme cuenta de que mi reflexión era gratuita, necia y precipitada: la locura es mucho peor que sentir debilidad por las cubiertas de las arquetas. Para locura de verdad, Rusia. Allí se ha montado un lío impresionante por culpa de los gustos operísticos de la «mayoría ultrapatriótica» del parlamento y a los jóvenes putinistas que se dedican a «velar por la pureza ideológica» de sus compatriotas. Dirán algunos de ustedes que ese es un problema heredado del viejo régimen soviético, y si lo hacen incurrirán en un error tan gratuito, necio y precipitado como el mío. Porque la otra cara del mundo, Estados Unidos, también tiene un traje a medida, con camisa de fuerza incluida: una distribuidora ha prohibido proyectar en varios estados una película sobre la teoría de la evolución de Darwin. Ante semejante panorama, la verdad, apetece coger la primera tapa de alcantarilla y meterse debajo.