La cosa política
19 mar 2005 . Actualizado a las 06:00 h.?s una de las grandes decisiones políticas pendientes de adoptar en Vilagarcía. Desde que entre 1996 y 1998 el Partido Popular tomó la decisión de llevarse por delante a José Luis Rivera , después de haberlo sido todo en la formación conservadora, los populares no han vuelto a levantar cabeza en la capital arousana. Por aquel entonces nadie daba un duro por el ex alcalde. Pero él mismo lo vaticinó en el momento de la brecha: «El PP está roto por lo menos para diez años». Y Rivera no sólo no se arrugó, sino que agrupó además a los suyos y les dio un objetivo por el que luchar: demostrar dónde está la fuerza real del centro derecha de Vilagarcía. Hoy, siete años y dos elecciones municipales después, el líder independiente se mantiene políticamente sano, pinta más que nunca desde que perdió la alcaldía y, pese a que lo niega de puertas afuera, Ivil engrasa ya su maquinaria para preparar los comicios locales del 2007. El ex senador ha demostrado que puede contar con una base electoral que ronda los dos mil votos. Sin ellos, y pese a que el PSOE pudiese menguar, la derecha difícilmente podría alcanzar el gobierno de la ciudad. Reconducir las relaciones con los riveristas y conseguir su integración debiera constituir, por lo tanto, materia prioritaria para el PP local. Sin embargo, al menos hasta el momento cualquier intento en este sentido ha acabado en gatillazo. Porque haberlos, los ha habido. Primeras conversaciones El primero en intentar hablar con Rivera fue el anterior presidente de los conservadores vilagarcianos, Miguel Ángel González . Las perspectivas, pese a la escenificación pública de las diferencias existentes entre ambos, no eran malas. Sin embargo, y sin que la razón haya trascendido, los populares acabaron recuando. Aunque unos y otros aseguran que nunca hubo nada, existe constancia de al menos otros dos intentos aparentemente serios por alcanzar un acuerdo y solucionar la papeleta pendiente de Vilagarcía. Uno de ellos tuvo lugar meses antes de las municipales. El otro, apenas a unas semanas de la presentación de las candidaturas. En ambos casos los contactos se establecieron al máximo nivel, con el conocimiento del secretario xeral de los populares gallegos, Xesús Palmou . Pero ninguno fructificó. Por algún motivo, los conservadores se echaron atrás tras el contacto inicial. La marcha atrás del PP La lógica indica que la marcha atrás puede tener dos justificaciones. Tal vez alguien en el PP pensó que el esfuerzo de negociar con Rivera no merecía la pena, y que Ivil se apagaría con el paso del tiempo por sí solo. Quien llegó a semejante conclusión se equivocó de parte a parte. Cabe recordar que la simple suma de los votos de populares e independientes les habrían concedido en el 2003, de concurrir bajo las mismas siglas, ocho concejales por los nueve del PSOE. La otra posibilidad a tener en cuenta es que el sector del birrete, en el que se alinea Palmou, no quisiese tensar aún más su enfrentamiento con los cuiñistas antes de tiempo. Al fin y al cabo, la defenestración del antiguo líder popular fue obra del ex conselleiro de Lalín, y el retorno de los de Rivera Mallo podría haber revuelto las tripas del partido una vez más. Sucede que lo que Cuíña ató no han tardado en desatarlo otros. Y enfrentamientos que parecían insalvables, como el pleito con los Castro , en Pontecesures, se han resuelto con una reintegración en ciernes. Que, por cierto, en este último caso ha devuelto la alcaldía a la derecha de toda la vida. Así las cosas, la pregunta surge con mayor sentido: ¿Por qué en Vilagarcía todavía no se han dado los pasos necesarios para el acercamiento? Sin duda, lo primero que exigirá el líder de Ivil es seriedad, sobre todo tras los trasacordos cometidos en el pasado por los populares. Y, teniendo en cuenta la virulencia con la que fue atacado por sus ex compañeros de filas, con auditoría y amenaza de tribunales incluidas, lo más lógico es que Rivera Mallo y los suyos no pasen por menos que una fórmula que los rehabilite plenamente tanto en el seno del partido como de cara a la opinión pública. Se trataría de una reconstitución de su imagen política, claro, porque desde los puntos de vista social y judicial hace tiempo que la arremetida del PP fue archivada y sobreseída. No faltan en la disciplina del PP actual figuras que, al menos en teoría, podrían llevar el peso de unas virtuales conversaciones. Beatriz González Loroño, por ejemplo, siempre ha mantenido unas relaciones cordiales con Rivera, bajo cuyo mandato se convirtió en una de las primeras concejalas de Xuventude de Galicia. Da la impresión de que a González Loroño no le habría costado tender puentes, pero alguien le habría hecho retroceder. Habrá que ver, en cualquier caso, cuál es el futuro y la disposición anímica de la parlamentaria, ya que todo indica que el puesto de Arousa en la candidatura popular para las elecciones de octubre es cosa de dos, Tomás Fole o José Juan Durán . ¿Quién es quién? Sea como fuere, el PP debe dar el primer paso; el tiempo corre en su contra y a favor de un Rivera que puede permitirse el lujo de esperar. Porque, en definitiva, la verdadera pregunta sin respuesta sigue siendo en quién reside el verdadero espíritu popular. Cuando se fue, Rivera dejó 1.200 afiliados en el PP. Ivil ronda ahora los 560. Los militantes independientes continúan recibiendo notificaciones del PP, señal de que no han sido dados de baja. Y quinientos votos son muchos votos. En cualquier partido.